Javier Alánzuri
Poeta que considera el portal su segunda casa
En una extensa playa se encuentra una estrellita.
La pobre está muy triste, mustia, desconsolada
no sabe cómo terminó en la arena, mojada,
no puede recordarlo. Mientras, el mar la agita.
Viene una caracola con su errante casita
y pregunta…“¿pequeña, por qué estás apenada?...
sabes, tengo un secreto; mi casa está embrujada,
tiene poderes. Ven, acerca tu orejita”.
Y al hacerlo escuchó…“te caíste del cielo;
no temas, que vendrán las estrellas fugaces
y volverás a casa sobre su largo velo”.
“Allí esperan tus padres para que los abraces
y, aunque no lo recuerdas por darte contra el suelo,
cuando vuelvas, con ellos tienes que hacer las paces”.
Un baile de mariscos, con muchos invitados,
se celebró en la playa cuando volvió la memoria
a la estrella perdida, quien les narró su historia
y dejó a todos con la boca abierta, asombrados....
“Inocente y risueña
quería irme a jugar a otro lado,
con galaxias lejanas y sus gentes...
“¡enana, ni lo intentes!
¿has oído, pequeña?”
me decían mis padres y parientes.
Pero, mientras dormían
y con un gran enfado
porque nada entendía,
me escapé con urgencia.
Mas al poco noté que caía,
algo con mucha fuerza me arrastraba
y... luego ya perdí la consciencia."
Bueno, pues desde entonces atiende a los consejos
porque de su familia no quiere estar muy lejos.
Si ves alguna estrella fugaz por el cielo volando
ya sabes que, sentada por su larga y bonita estela,
va otra más pequeñita que vuelve a su casa cantando.
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