Dark_Fairy
Poeta que considera el portal su segunda casa
Me he inspirado en los cielos
negros con truenos acampando
en las iglesias maltrechas con
gárgolas en las paredes embarrando
suciedades y cochinadas, hemos visto
fantasmas mendigando.
Les he dicho sobre los pájaros
de picos fracturados, de cadáveres
rotos envueltos en bolsas negras
en bolsas de basura, capturados
con neblina del primer día, de la
gota de rocío, del terciopelo acaramelado.
Los intrusos caminan entre las esquinas
de las calles olvidadas, donde todos
piensan que descansan las gentes
buenas, las gentes confiadas, las
sonrisas auténticas, les he hablado
del ronroneo gatuno.
En ese caldo humano, en ese caldo rojizo
y picante, entre especias y sal, entre
un restaurante de poca monta, se
desató la perversidad.
El mar de Acapulco, el mar de
no sé donde, observó el hecho
que provocan ganas de vomitar.
En el caldillo ese, se reflejaban los
bloques de una casa, en el caldo rojo
se veían las cámaras, y entre el
líquido saborizante estaba un pie
asomándose, un pie derecho, entre
huesos arrancados de manera salvaje.
Entre extremidades cocinadas a fuego
alto, a fuego violento, se cocinaban
los gritos callados, entre huesos amarillos
entre pedazos de carne quemados.
En una olla azul de peltre, en un patio
lejano de los veranos eternos, del sol
amarillo claro, estaban restos de carne
calcinados, porque el tipo no supo desmembrar.
En el refri enrollados, los otros pedazos
congelados, en el asador el carbón caliente
todavía, en la estufa la olla azul de peltre.
Y en el caldo revuelto de cosas comestibles
insuficientes, resaltaban partes de humano
resaltaba el pie, ese pie... Ese pie.
De los dedos con manicura, de los dedos
arreglados, ese pie de mujer que era
única, que era y que ya no es, y el
fantasma, el aparecido, lo que se va
a aparecer, será un fantasma mutilado
muy aterrador, sin un pie, sin los brazos
se verá parada vestida de caldo rojo
de chile del árbol...
La verán deambular, mutilada, la verán
ensombrecer el mar de la costa del
pacífico que no es popular, que no
es conocido, que es abarrotado cuando
al rey lo van a crucificar, pero el rey
se aparece bien vestido, bien aseado
ella se verá con el caldillo rojizo
entre arena y sal de cocina que estaba
tirada en platos sucios y sangrientos.
Se verá un fantasma arrastrado, gritando
pensando que vive, no sabe que la cortaron
y la pusieron a enfriando en el refrigerador
para asar los otros pedazos y que supieran mejor.
En una olla azul de peltre, hay brazos quemados
la carne no sabe bien, no hubiera sabido bien
no hubiera tenido buen sazón, el hombre en
la desesperación no lavó el plato blanco.
Y el fantasma irá a la escuela de sus hijos
a pasearse y dejará rastros de chile seco
de chile tostado, para darle más sabor
pero no será más que un montón de
ectoplasma despedazado.
Hoy no les dije del aroma de azufre
de las avispas que buscan el hogar en
la boca del difunto...
En una olla azul de peltre... Un hueso
reposa, un hueso redondo y blanquecino.
negros con truenos acampando
en las iglesias maltrechas con
gárgolas en las paredes embarrando
suciedades y cochinadas, hemos visto
fantasmas mendigando.
Les he dicho sobre los pájaros
de picos fracturados, de cadáveres
rotos envueltos en bolsas negras
en bolsas de basura, capturados
con neblina del primer día, de la
gota de rocío, del terciopelo acaramelado.
Los intrusos caminan entre las esquinas
de las calles olvidadas, donde todos
piensan que descansan las gentes
buenas, las gentes confiadas, las
sonrisas auténticas, les he hablado
del ronroneo gatuno.
En ese caldo humano, en ese caldo rojizo
y picante, entre especias y sal, entre
un restaurante de poca monta, se
desató la perversidad.
El mar de Acapulco, el mar de
no sé donde, observó el hecho
que provocan ganas de vomitar.
En el caldillo ese, se reflejaban los
bloques de una casa, en el caldo rojo
se veían las cámaras, y entre el
líquido saborizante estaba un pie
asomándose, un pie derecho, entre
huesos arrancados de manera salvaje.
Entre extremidades cocinadas a fuego
alto, a fuego violento, se cocinaban
los gritos callados, entre huesos amarillos
entre pedazos de carne quemados.
En una olla azul de peltre, en un patio
lejano de los veranos eternos, del sol
amarillo claro, estaban restos de carne
calcinados, porque el tipo no supo desmembrar.
En el refri enrollados, los otros pedazos
congelados, en el asador el carbón caliente
todavía, en la estufa la olla azul de peltre.
Y en el caldo revuelto de cosas comestibles
insuficientes, resaltaban partes de humano
resaltaba el pie, ese pie... Ese pie.
De los dedos con manicura, de los dedos
arreglados, ese pie de mujer que era
única, que era y que ya no es, y el
fantasma, el aparecido, lo que se va
a aparecer, será un fantasma mutilado
muy aterrador, sin un pie, sin los brazos
se verá parada vestida de caldo rojo
de chile del árbol...
La verán deambular, mutilada, la verán
ensombrecer el mar de la costa del
pacífico que no es popular, que no
es conocido, que es abarrotado cuando
al rey lo van a crucificar, pero el rey
se aparece bien vestido, bien aseado
ella se verá con el caldillo rojizo
entre arena y sal de cocina que estaba
tirada en platos sucios y sangrientos.
Se verá un fantasma arrastrado, gritando
pensando que vive, no sabe que la cortaron
y la pusieron a enfriando en el refrigerador
para asar los otros pedazos y que supieran mejor.
En una olla azul de peltre, hay brazos quemados
la carne no sabe bien, no hubiera sabido bien
no hubiera tenido buen sazón, el hombre en
la desesperación no lavó el plato blanco.
Y el fantasma irá a la escuela de sus hijos
a pasearse y dejará rastros de chile seco
de chile tostado, para darle más sabor
pero no será más que un montón de
ectoplasma despedazado.
Hoy no les dije del aroma de azufre
de las avispas que buscan el hogar en
la boca del difunto...
En una olla azul de peltre... Un hueso
reposa, un hueso redondo y blanquecino.