ANONIMA
Poeta adicto al portal
Sentada en el rincón más oscuro del infierno,
recordaba mi existir en la tierra,
...y lloraba y lamentaba este sufrir eterno,
esta pena que en totalidad me lacera.
Miro hacia arriba y veo el cielo,
miro gozar a los ángeles y justos,
y yo más abajo aún del suelo,
condenada por mis vulgares gustos.
Un eterno gemir y rechinar de dientes,
un odio reprimido contra Dios,
es lo que verás en todos los presentes,
condenados por alguna acción atroz.
Pero... ¿cuál fue ese mi gran pecado?
¿el que te hizo condenarme? ¡Oh! Dios mío..
acaso...¿fue el de haber amado?
pero amar y no ser correspondido.
Si ese es mi mérito para el averno,
mi condena con resignación acepto,
para siempre he de estar en el infierno,
por el amor que tuve hacia un inepto.
Condenada por amar...¡quién lo diría!
ni lujuría, ni pasión, mucho menos envidia.
Tal vez sólo sea otra injusticia divina,
un castigo más que ahora mi alma calcina.
El fuego es tan frío, pero quema tan fuerte,
los malditos demonios ríen, y todos nosotros lloramos,
sentada en silencio a mi lado la muerte,
esperando el clamor de quienes la llamamos.
Dios nos mira desde su trono real ¿tristemente?
tal vez sólo voltea la mirada para fingir bondad,
tal vez sólo lo hace para no parecer indiferente,
y hacernos creer que sí nos tuvo un poco de piedad.
Sigo en mi rincón favorito, pensando...
sí, pensando en tantas cosas...
y con el diablo dialogando,
y consolando a nuestro par de almas rotas.

recordaba mi existir en la tierra,
...y lloraba y lamentaba este sufrir eterno,
esta pena que en totalidad me lacera.
Miro hacia arriba y veo el cielo,
miro gozar a los ángeles y justos,
y yo más abajo aún del suelo,
condenada por mis vulgares gustos.
Un eterno gemir y rechinar de dientes,
un odio reprimido contra Dios,
es lo que verás en todos los presentes,
condenados por alguna acción atroz.
Pero... ¿cuál fue ese mi gran pecado?
¿el que te hizo condenarme? ¡Oh! Dios mío..
acaso...¿fue el de haber amado?
pero amar y no ser correspondido.
Si ese es mi mérito para el averno,
mi condena con resignación acepto,
para siempre he de estar en el infierno,
por el amor que tuve hacia un inepto.
Condenada por amar...¡quién lo diría!
ni lujuría, ni pasión, mucho menos envidia.
Tal vez sólo sea otra injusticia divina,
un castigo más que ahora mi alma calcina.
El fuego es tan frío, pero quema tan fuerte,
los malditos demonios ríen, y todos nosotros lloramos,
sentada en silencio a mi lado la muerte,
esperando el clamor de quienes la llamamos.
Dios nos mira desde su trono real ¿tristemente?
tal vez sólo voltea la mirada para fingir bondad,
tal vez sólo lo hace para no parecer indiferente,
y hacernos creer que sí nos tuvo un poco de piedad.
Sigo en mi rincón favorito, pensando...
sí, pensando en tantas cosas...
y con el diablo dialogando,
y consolando a nuestro par de almas rotas.
