prisionero inocente
Poeta que considera el portal su segunda casa
He aquí la sangre del vacío
incorporada a tu pupila
como una plegaria del viento contra los vivos.
Hay réplicas de nosotros en los escombros de la noche.
Un cinema de los cadáveres
y pájaros que inventa el acero,
luminosas entrañas de soledad
esparcidas a lo largo de la plaza.
Cuerpos y otros tatuajes de la despedida
que se derrumban en la fugacidad como títeres, como falsas sonrisas.
He aquí el piano contra el aborto de una diosa canina.
La inmovilidad de un cerezo expulsado de la infancia
y un reloj de abismos que anuncia la hora prendida al cuello de los bisontes,
el marfil que desgarra los sueños de naranja
con los que nos sobrevive el pasado.
incorporada a tu pupila
como una plegaria del viento contra los vivos.
Hay réplicas de nosotros en los escombros de la noche.
Un cinema de los cadáveres
y pájaros que inventa el acero,
luminosas entrañas de soledad
esparcidas a lo largo de la plaza.
Cuerpos y otros tatuajes de la despedida
que se derrumban en la fugacidad como títeres, como falsas sonrisas.
He aquí el piano contra el aborto de una diosa canina.
La inmovilidad de un cerezo expulsado de la infancia
y un reloj de abismos que anuncia la hora prendida al cuello de los bisontes,
el marfil que desgarra los sueños de naranja
con los que nos sobrevive el pasado.
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