danie
solo un pensamiento...
Aunque pase por el valle de sombra de muerte,
no temeré mal alguno, porque tú estás conmigo;
tu vara y tu cayado me infunden aliento.
no temeré mal alguno, porque tú estás conmigo;
tu vara y tu cayado me infunden aliento.
(Salmos 23:4)
Noche, madriguera de escollos y luz abortiva,
ancestrales espectros de un pasado sombrío,
ritual de ahorcados y ahogados en el recinto del olvido;
pulpa pringosa y sudor frío colándose por mi espalda,
por mi nuca, por mi mejilla,
con el beso de la muerte abrasiva.
Así, camino por el sendero nebuloso
de un sortilegio maligno,
entre el légamo de los ríos,
entre la mustia tierra,
criadero de larvas y gusanos viperinos;
sin báculo, ni guía,
con los ojos ciegos como cordero al precipicio
Tanto transité esta tierra que perdí mi dogma divino.
Camino entre las fauces de los murciélagos,
sobre las sendas donde caminan los ofidios de sangre fría,
con la fetidez del aliento de los astros caídos
Camino con el escozor de las costras de sarna,
con las manos de presidiados,
con la lividez del quebranto
por cumplir la sentencia de un crimen
inconsciente de primitivos instintos
Leproso ambulante de una alborada
que tiembla ante mi respiro;
camino y contamino el día con mi infección podrida.
Heraldo del diablo,
morador de las catacumbas en donde los cristianos
entierran sus pecados,
ya sin mera culpa.
Ya soy un fantasma sin luz,
sin alma, sólido como un ídolo vacío,
una mancha oscura en la luna
que pervierte al sol
y vomita la hostia
sobre la sangre de Cristo.