Darkshade
Poeta adicto al portal
Toca la puerta noviembre,
y al entrar
corroe la vieja llave,
su cerradura,
chirrían las juntas.
Vuelve noviembre
con su maldito veintitrés
sus insanos domingos
y sus fines de semana de letargo
y ese cadáver infinito
y su sombra, árbol marchito,
que me grita
y me recuerda
aquello que, de por sí, jamás olvido.
Vuelve noviembre con su estaca
robustecida en pretérita noche de inclemencia.
Regresa noviembre
con su muerte tras las rejas.
Y elegí detestar el otoño,
crudo ataúd para mi padre;
ese otoño in-mundo
que me obligará a escuchar siempre
—nunca más—
aquel eterno vacío
chorreando gotas de horror,
flemática reminiscencia,
sobre las tejas de mis ácidas ruinas…
Que aunque quiera atender menos
a esos latidos del adiós que nunca dijo,
me es imposible arrancar
éste, mi jodido corazón,
de un pecho tan hundido…
Tan hundido.
y al entrar
corroe la vieja llave,
su cerradura,
chirrían las juntas.
Vuelve noviembre
con su maldito veintitrés
sus insanos domingos
y sus fines de semana de letargo
y ese cadáver infinito
y su sombra, árbol marchito,
que me grita
y me recuerda
aquello que, de por sí, jamás olvido.
Vuelve noviembre con su estaca
robustecida en pretérita noche de inclemencia.
Regresa noviembre
con su muerte tras las rejas.
Y elegí detestar el otoño,
crudo ataúd para mi padre;
ese otoño in-mundo
que me obligará a escuchar siempre
—nunca más—
aquel eterno vacío
chorreando gotas de horror,
flemática reminiscencia,
sobre las tejas de mis ácidas ruinas…
Que aunque quiera atender menos
a esos latidos del adiós que nunca dijo,
me es imposible arrancar
éste, mi jodido corazón,
de un pecho tan hundido…
Tan hundido.
—El Cuervo—
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