Halloran
Poeta asiduo al portal
Durante los días 13 y 14 de febrero de 2006
se celebró en mi ciudad el
III CONGRESO INTERNACIONAL sobre
VÍCTIMAS DEL TERRORISMO.
Fruto de aquellos días nació el siguiente texto,
que rescato hoy aquí.
El pasado 25 de marzo, la banda asesina ETA
comenzó un alto el fuego permanente que no es
sino otra forma de seguir con sus actividades.
se celebró en mi ciudad el
III CONGRESO INTERNACIONAL sobre
VÍCTIMAS DEL TERRORISMO.
Fruto de aquellos días nació el siguiente texto,
que rescato hoy aquí.
El pasado 25 de marzo, la banda asesina ETA
comenzó un alto el fuego permanente que no es
sino otra forma de seguir con sus actividades.
EN MI NOMBRE NO, SEÑORES
(14 de febrero de 2006)
El dolor hecho carne y hecho cuerpo
pasea hoy por las calles
de mi ciudad.
Vidas rotas, pero vidas:
vidas cortadas de cuajo,
vidas arrancadas de raíz,
vidas mil veces lloradas,
vidas mil veces perdidas,
vidas de mil viudas,
de mil ataúdes negros,
enormemente negros
donde duermen en lo eterno
mil vidas que anteayer fueron.
Mil atauditos blancos,
como blancas las conciencias
y las manos
de los que cometieron el delito
de vivir mil vidas,
mil risas
mil besos
mil caricias...
sólo quedan mil recuerdos.
Mil, dos mil, cien mil, un millón
de gargantas que se ahogan.
Voces roncas de llorar
se levantan, no se mueren
porque aún siguen vivas
y no siguen vivos ellos.
Mil, dos mil, cien mil, un millón
de miradas que se nublan.
Ojos ahogados de llorar
que aún miran, no se mueren,
porque aún siguen vivos
y no siguen vivos ellos.
Mil, dos mil, cien mil, un millón
de corazones que se encogen.
La sangre helada de llorar
aún palpita, no se muere,
porque aún siguen vivos
y no siguen vivos ellos.
Mil, dos mil, cien mil, un millón,
muchos más, muchos más, seguro,
muchas más personas que miran hacia adelante
sin olvidar lo que vieron atrás:
que no siguen vivos ellos
pero queda aún mucho camino.
Voces, ojos, corazones, personas,
manos blancas levantadas,
lágrimas, sí, lágrimas...
pero también risas,
pero también besos,
pero también caricias...
Que la vida sigue y estoy vivo,
que no pudieron conmigo ni podrán,
que no pudieron con nosotros ni podrán,
que nunca podrán los que nada pueden
aunque crean que pueden matarnos.
Y las palabras prostituidas, una "paz"
que llena bocas,
que blanquea conciencias,
que pronuncian los señores
de una "guerra" que no es tal.
Un asesino que habla
de los derechos humanos
cuando de humanos, deshechos,
ha sembrado nuestras calles,
nuestros centros comerciales,
nuestras casas,
nuestros trenes,
nuestras vidas,
nuestro mundo...
Una tigresa que ofende
a tan bravo animal
matando por la espalda,
tiro en la nuca.
Uno cuya vida debe
al mismo al que se la quita.
Hijos predilectos los asesinos,
insultos para los muertos...
En mi nombre no, señores.
Que por mí no se preocupen:
si me hablan de terror,
yo ya vi su cara,
yo oí sus balas,
yo estuve allí.
Yo vi a mi amiga blanca como la muerte
porque la muerte pasó a su lado,
y oí los helicópteros,
y vi el humo.
Yo sé lo que es pensar
que estás vivo por la misma razón
por la que podrías estar muerto.
En mi nombre no, señores.
Que por mí no se preocupen,
porque tampoco se preocuparon
cuando me ahogué en lágrimas
y no sabía dejar de temblar.
En mi nombre no, señores...
El dolor hecho carne y hecho cuerpo
pasea hoy por las calles
de mi ciudad.
Yo voy detrás, en silencio, en mi sitio.
No doy nada, porque nada puedo dar.
No digo nada, porque nada sé decir.
Estoy detrás, en silencio, en mi sitio,
pero estoy ahí,
con las víctimas,
lamentándome,
porque ni el don de la palabra tengo
para decirles
que estoy en silencio, detrás, en mi sitio,
pero ahí,
con las víctimas.
(14 de febrero de 2006)
El dolor hecho carne y hecho cuerpo
pasea hoy por las calles
de mi ciudad.
Vidas rotas, pero vidas:
vidas cortadas de cuajo,
vidas arrancadas de raíz,
vidas mil veces lloradas,
vidas mil veces perdidas,
vidas de mil viudas,
de mil ataúdes negros,
enormemente negros
donde duermen en lo eterno
mil vidas que anteayer fueron.
Mil atauditos blancos,
como blancas las conciencias
y las manos
de los que cometieron el delito
de vivir mil vidas,
mil risas
mil besos
mil caricias...
sólo quedan mil recuerdos.
Mil, dos mil, cien mil, un millón
de gargantas que se ahogan.
Voces roncas de llorar
se levantan, no se mueren
porque aún siguen vivas
y no siguen vivos ellos.
Mil, dos mil, cien mil, un millón
de miradas que se nublan.
Ojos ahogados de llorar
que aún miran, no se mueren,
porque aún siguen vivos
y no siguen vivos ellos.
Mil, dos mil, cien mil, un millón
de corazones que se encogen.
La sangre helada de llorar
aún palpita, no se muere,
porque aún siguen vivos
y no siguen vivos ellos.
Mil, dos mil, cien mil, un millón,
muchos más, muchos más, seguro,
muchas más personas que miran hacia adelante
sin olvidar lo que vieron atrás:
que no siguen vivos ellos
pero queda aún mucho camino.
Voces, ojos, corazones, personas,
manos blancas levantadas,
lágrimas, sí, lágrimas...
pero también risas,
pero también besos,
pero también caricias...
Que la vida sigue y estoy vivo,
que no pudieron conmigo ni podrán,
que no pudieron con nosotros ni podrán,
que nunca podrán los que nada pueden
aunque crean que pueden matarnos.
Y las palabras prostituidas, una "paz"
que llena bocas,
que blanquea conciencias,
que pronuncian los señores
de una "guerra" que no es tal.
Un asesino que habla
de los derechos humanos
cuando de humanos, deshechos,
ha sembrado nuestras calles,
nuestros centros comerciales,
nuestras casas,
nuestros trenes,
nuestras vidas,
nuestro mundo...
Una tigresa que ofende
a tan bravo animal
matando por la espalda,
tiro en la nuca.
Uno cuya vida debe
al mismo al que se la quita.
Hijos predilectos los asesinos,
insultos para los muertos...
En mi nombre no, señores.
Que por mí no se preocupen:
si me hablan de terror,
yo ya vi su cara,
yo oí sus balas,
yo estuve allí.
Yo vi a mi amiga blanca como la muerte
porque la muerte pasó a su lado,
y oí los helicópteros,
y vi el humo.
Yo sé lo que es pensar
que estás vivo por la misma razón
por la que podrías estar muerto.
En mi nombre no, señores.
Que por mí no se preocupen,
porque tampoco se preocuparon
cuando me ahogué en lágrimas
y no sabía dejar de temblar.
En mi nombre no, señores...
El dolor hecho carne y hecho cuerpo
pasea hoy por las calles
de mi ciudad.
Yo voy detrás, en silencio, en mi sitio.
No doy nada, porque nada puedo dar.
No digo nada, porque nada sé decir.
Estoy detrás, en silencio, en mi sitio,
pero estoy ahí,
con las víctimas,
lamentándome,
porque ni el don de la palabra tengo
para decirles
que estoy en silencio, detrás, en mi sitio,
pero ahí,
con las víctimas.