Tara
Poeta recién llegado
En la playa
Hace meses que no te veo, en las noches me aferro a la almohada y estiro mi cuerpo para no sentir tan vacía y gigante la cama. Sueño con estar entre tus brazos, mientras tu cálido aliento susurra a mi oído. Tu sudor, mi sudor se mezclan originando la poción que embriaga y hace despertar el frenesí de nuestros sentidos, mientras tus manos aprisionan mi cintura, como si trataras ferozmente de evitar que me marchase aunque, irónicamente, fuiste tú el que me dejaste..
He recibido tu carta, me cuentas que la guerra ha concluido y regresas triunfal a casa. Tus letras rebosan júbilo y a la vez lujuria. Has descrito detalladamente todas tus quimeras, el deseo colosal de acariciar y besar cada rincón de mi cuerpo... y qué mejor lugar para materializar las ansias que en nuestro lugar favorito, la playa.
Debo acicalarme, tomo un baño muy caliente, el vapor me excita....deslizo mis manos bordeando mis senos, mis curvas, sé que pronto tú serás él que las pruebe y eso me enloquece. Presiento que nuestro encuentro será sumamente pasional, consumaremos nuestro amor sobre la arena, escuchando el cántico de las olas, teniendo de testigos a las gaviotas y al majestuoso atardecer.
La emoción me embarga, salgo inmediatamente de la ducha y busco mi atuendo. Usaré una minifalda, aunque no me gustan mis piernas a ti te vuelven loco, dices que te fascina su suavidad y adoras palpar la parte interna de mis muslos e ir subiendo poco a poco...
Después de coquetear por cuarta vez con el espejo, salgo de prisa temiendo llegar tarde a tan anhelado suceso. A medida que me voy acercando, la respiración se corta y el corazón amenaza con abandonar mi pecho. Ahí están las gaviotas, presenciando la magistral puesta de sol. Reparo en que no hay nadie cerca - Estaremos solos, reflexiono nerviosamente...
Me siento en la arena, mirando a todos lados, buscando divisar al hombre de mis sueños.
Cinco minutos más tarde veo una figura a lo lejos, un hombre alto, muchísimo más delgado, vestido con uniforme militar.
Ya no sé lo que siento, he enmudecido, simplemente has cambiado demasiado.
Te estableces a mi lado sin pronunciar palabra y nos dedicamos a observar el rompimiento de las olas. La brisa caprichosa nos despeina pero mis pupilas siguen clavadas en el horizonte. Las emociones me abruman, el silencio me envuelve, un par de lágrimas se asoman cuando mi garganta comienza a cerrarse..
¿Qué ha pasado, acaso eres el mismo de antes?..
Tú percibes mi reacción y me miras por vez primera a los ojos, yo te respondo por unos segundos pero luego vuelvo la mirada hacia el mar buscando en él la solución a tan doloroso cuestionamiento. Mi mente sigue nublada y entre el oleaje surge la desesperanza....
De pronto, mi corazón se agita de alborozo y la incógnita pronto se disipa, cuando siento sutilmente, el roce de tus dedos pasar por el interior de mis rodillas...
Hace meses que no te veo, en las noches me aferro a la almohada y estiro mi cuerpo para no sentir tan vacía y gigante la cama. Sueño con estar entre tus brazos, mientras tu cálido aliento susurra a mi oído. Tu sudor, mi sudor se mezclan originando la poción que embriaga y hace despertar el frenesí de nuestros sentidos, mientras tus manos aprisionan mi cintura, como si trataras ferozmente de evitar que me marchase aunque, irónicamente, fuiste tú el que me dejaste..
He recibido tu carta, me cuentas que la guerra ha concluido y regresas triunfal a casa. Tus letras rebosan júbilo y a la vez lujuria. Has descrito detalladamente todas tus quimeras, el deseo colosal de acariciar y besar cada rincón de mi cuerpo... y qué mejor lugar para materializar las ansias que en nuestro lugar favorito, la playa.
Debo acicalarme, tomo un baño muy caliente, el vapor me excita....deslizo mis manos bordeando mis senos, mis curvas, sé que pronto tú serás él que las pruebe y eso me enloquece. Presiento que nuestro encuentro será sumamente pasional, consumaremos nuestro amor sobre la arena, escuchando el cántico de las olas, teniendo de testigos a las gaviotas y al majestuoso atardecer.
La emoción me embarga, salgo inmediatamente de la ducha y busco mi atuendo. Usaré una minifalda, aunque no me gustan mis piernas a ti te vuelven loco, dices que te fascina su suavidad y adoras palpar la parte interna de mis muslos e ir subiendo poco a poco...
Después de coquetear por cuarta vez con el espejo, salgo de prisa temiendo llegar tarde a tan anhelado suceso. A medida que me voy acercando, la respiración se corta y el corazón amenaza con abandonar mi pecho. Ahí están las gaviotas, presenciando la magistral puesta de sol. Reparo en que no hay nadie cerca - Estaremos solos, reflexiono nerviosamente...
Me siento en la arena, mirando a todos lados, buscando divisar al hombre de mis sueños.
Cinco minutos más tarde veo una figura a lo lejos, un hombre alto, muchísimo más delgado, vestido con uniforme militar.
Ya no sé lo que siento, he enmudecido, simplemente has cambiado demasiado.
Te estableces a mi lado sin pronunciar palabra y nos dedicamos a observar el rompimiento de las olas. La brisa caprichosa nos despeina pero mis pupilas siguen clavadas en el horizonte. Las emociones me abruman, el silencio me envuelve, un par de lágrimas se asoman cuando mi garganta comienza a cerrarse..
¿Qué ha pasado, acaso eres el mismo de antes?..
Tú percibes mi reacción y me miras por vez primera a los ojos, yo te respondo por unos segundos pero luego vuelvo la mirada hacia el mar buscando en él la solución a tan doloroso cuestionamiento. Mi mente sigue nublada y entre el oleaje surge la desesperanza....
De pronto, mi corazón se agita de alborozo y la incógnita pronto se disipa, cuando siento sutilmente, el roce de tus dedos pasar por el interior de mis rodillas...