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En la penumbra...

Alex Courant

Poeta adicto al portal
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En la penumbra

En la penumbra, daga de mil hojas,
distanciado del sueño me descubro,
ausente de la vida me reencuentro.
Y sólo soy yo, soy yo solo,
como el gusano que devora al fruto
con la ciega torpeza del hambre y el instinto,
con la triste piedad
de un espejo cubierto por el polvo.

De ningún tiempo son las horas
ni son las sombras de ninguna carne.
Entre los densos grumos de los cipreses,
siendo ingrávidas flores de abandono,
los purpúreos cuervos
guardan la eternidad bajo sus alas.

¡Oh pálido tu rostro! ¡Oh trémulos tus labios!
Mientras duermes… tus sueños son la muerte.
La muerte que despierta y entreabre sus ojos
para entregarte desnuda
a los lóbregos brazos de la noche.

En la silente calma de la alcoba:
mana la roja sangre de tu piel de cristal,
todos los dioses maman de tus pechos,
las estrellas cual hombres se postran a tus pies.







 
hay zozobra, hay silencio, hay voraces imágenes que se forman ahí, abrazos
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En la penumbra

En la penumbra, daga de mil hojas,
distanciado del sueño me descubro,
ausente de la vida me reencuentro.
Y sólo soy yo, soy yo solo,
como el gusano que devora al fruto
con la ciega torpeza del hambre y el instinto,
con la triste piedad
de un espejo cubierto por el polvo.

De ningún tiempo son las horas
ni son las sombras de ninguna carne.
Entre los densos grumos de los cipreses,
siendo ingrávidas flores de abandono,
los purpúreos cuervos
guardan la eternidad bajo sus alas.

¡Oh pálido tu rostro! ¡Oh trémulos tus labios!
Mientras duermes… tus sueños son la muerte.
La muerte que despierta y entreabre sus ojos
para entregarte desnuda
a los lóbregos brazos de la noche.

En la silente calma de la alcoba:
mana la roja sangre de tu piel de cristal,
todos los dioses maman de tus pechos,
las estrellas cual hombres se postran a tus pies.








 
Es lo que precisaba y quería leer.

¡Oh pálido tu rostro! ¡Oh trémulos tus labios!
Mientras duermes… tus sueños son la muerte.
La muerte que despierta y entreabre sus ojos
para entregarte desnuda
a los lóbregos brazos de la noche.


Un abrazo mi querido Duilio.
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En la penumbra

En la penumbra, daga de mil hojas,
distanciado del sueño me descubro,
ausente de la vida me reencuentro.
Y sólo soy yo, soy yo solo,
como el gusano que devora al fruto
con la ciega torpeza del hambre y el instinto,
con la triste piedad
de un espejo cubierto por el polvo.

De ningún tiempo son las horas
ni son las sombras de ninguna carne.
Entre los densos grumos de los cipreses,
siendo ingrávidas flores de abandono,
los purpúreos cuervos
guardan la eternidad bajo sus alas.

¡Oh pálido tu rostro! ¡Oh trémulos tus labios!
Mientras duermes… tus sueños son la muerte.
La muerte que despierta y entreabre sus ojos
para entregarte desnuda
a los lóbregos brazos de la noche.

En la silente calma de la alcoba:
mana la roja sangre de tu piel de cristal,
todos los dioses maman de tus pechos,
las estrellas cual hombres se postran a tus pies.







 
Me gusta este romance goticista, muy clásico y muy bien labrado.
Obras así me recuerdan que la literatura gótica no está extinta.
Gran obra, amigo. Felicitaciones.
Un abrazo grande.
 
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