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En la penumbra nace tu silueta

poetakabik

Poeta veterano en el portal
En la penumbra nace tu silueta,
como un rumor de viento entre la bruma;
mi soledad, que a veces se derrumba,
te nombra en cada voz que me interpreta.

Si toco el aire siento tu presencia,
un soplo antiguo, leve, sostenido;
y en mí renace un sueño estremecido
que brota donde empieza tu inocencia.

Hay noches que me rozan tus latidos
como un temblor que asciende por mi pecho;
y entonces sé que todo lo deshecho
resurge en tus destellos encendidos.

De ti percibo un halo casi arcano,
un resplandor que quiebra mis fronteras;
por ti retornan viejas primaveras
que duermen en la sombra de mi mano.

Eres el claro al borde de mi herida,
donde la luz se atreve a ser ternura;
y aunque la duda se haga arquitectura,
te abrazo en lo más puro de la vida.

Cuando la tarde cae sobre mis pasos
y el mundo se deshace en su rumor,
en tu memoria encuentro un resplandor
que rompe lentamente todos mis lazos.

Tu nombre es un suspiro sostenido
que no pronuncio, pero me atraviesa;
y el alma, en su callada ligereza,
se eleva hacia tu pulso ya encendido.

Yo sé que en otro tiempo —o en ninguno—
nuestros destellos fueron un enredo,
pero en tu imagen cálida me quedo,
como quien halla un cielo inoportuno.

Si miro el horizonte, te presiento:
un gesto leve, un aire que retorna.
Quizá mi corazón sólo transforma
tu ausencia en un secreto cumplimiento.

Y si la noche nace en mis cristales
y todo se hace eco tenue y frío,
tu sombra viene, posa su rocío
y sana mis silencios ancestrales.
 
En la penumbra nace tu silueta,
como un rumor de viento entre la bruma;
mi soledad, que a veces se derrumba,
te nombra en cada voz que me interpreta.

Si toco el aire siento tu presencia,
un soplo antiguo, leve, sostenido;
y en mí renace un sueño estremecido
que brota donde empieza tu inocencia.

Hay noches que me rozan tus latidos
como un temblor que asciende por mi pecho;
y entonces sé que todo lo deshecho
resurge en tus destellos encendidos.

De ti percibo un halo casi arcano,
un resplandor que quiebra mis fronteras;
por ti retornan viejas primaveras
que duermen en la sombra de mi mano.

Eres el claro al borde de mi herida,
donde la luz se atreve a ser ternura;
y aunque la duda se haga arquitectura,
te abrazo en lo más puro de la vida.

Cuando la tarde cae sobre mis pasos
y el mundo se deshace en su rumor,
en tu memoria encuentro un resplandor
que rompe lentamente todos mis lazos.

Tu nombre es un suspiro sostenido
que no pronuncio, pero me atraviesa;
y el alma, en su callada ligereza,
se eleva hacia tu pulso ya encendido.

Yo sé que en otro tiempo —o en ninguno—
nuestros destellos fueron un enredo,
pero en tu imagen cálida me quedo,
como quien halla un cielo inoportuno.

Si miro el horizonte, te presiento:
un gesto leve, un aire que retorna.
Quizá mi corazón sólo transforma
tu ausencia en un secreto cumplimiento.

Y si la noche nace en mis cristales
y todo se hace eco tenue y frío,
tu sombra viene, posa su rocío
y sana mis silencios ancestrales.
Qué bello inicio de poema estimado poeta. Un abrazo.
En la penumbra nace tu silueta,
como un rumor de viento entre la bruma;
 
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