Sentada en la madrugada, espero,
la llamada del amor,
la presencia de mi sueño.
Aquellas mariposas enamoradas,
en ávidos buitres mudaron
y atravesando el duelo,
esperan que caiga postrada,
botin, en sus garras de acero.
La dulce melodía, escrita con amor y fantasía
torno marcha de funebre agonía.
Ya cantan letanias, ya la campana repica,
por aquella ilusion marchita,
ya mi carne quedo yerta
y el fresco sabor de menta
cristaliza amargo gusto a hiel
en la garganta sin vida.
Ya coloca el olvido, lápida de marmol frío,
sobre mi ardiente esperanza.
Veo en el horizonte, las blancas nieves del norte,
augurio del triste invieno que se aproxima.
la llamada del amor,
la presencia de mi sueño.
Aquellas mariposas enamoradas,
en ávidos buitres mudaron
y atravesando el duelo,
esperan que caiga postrada,
botin, en sus garras de acero.
La dulce melodía, escrita con amor y fantasía
torno marcha de funebre agonía.
Ya cantan letanias, ya la campana repica,
por aquella ilusion marchita,
ya mi carne quedo yerta
y el fresco sabor de menta
cristaliza amargo gusto a hiel
en la garganta sin vida.
Ya coloca el olvido, lápida de marmol frío,
sobre mi ardiente esperanza.
Veo en el horizonte, las blancas nieves del norte,
augurio del triste invieno que se aproxima.