Javier Palanca
Poeta fiel al portal
En la boca del pez más diminuto
están todos los labios, los futuros
y los pretéritos pluscuamperfectos.
La risa del pillo supuestamente mudo,
la cháchara de monjes con voto de silencio
o el jadeo de una cópula prehistórica.
Las tertulias de taberna y vinos,
las confesiones a pie de oreja temblorosa
y los gritos de la revolución francesa.
Las palabras de Sócrates a sus pupilos
los quejidos ante la muerte indeseada
y las primeras metáforas habladas.
La petición de misericordia al inquisidor,
el arrullo ante una cuna ocupada
y las necedades de políticos oradores.
El cántico de un coro de voces blancas,
los exabruptos de gargantas negras
e incluso el silencio
de todas las soledades.
están todos los labios, los futuros
y los pretéritos pluscuamperfectos.
La risa del pillo supuestamente mudo,
la cháchara de monjes con voto de silencio
o el jadeo de una cópula prehistórica.
Las tertulias de taberna y vinos,
las confesiones a pie de oreja temblorosa
y los gritos de la revolución francesa.
Las palabras de Sócrates a sus pupilos
los quejidos ante la muerte indeseada
y las primeras metáforas habladas.
La petición de misericordia al inquisidor,
el arrullo ante una cuna ocupada
y las necedades de políticos oradores.
El cántico de un coro de voces blancas,
los exabruptos de gargantas negras
e incluso el silencio
de todas las soledades.