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En el periférico.

Luciana Rubio

Poeta veterano en el portal
Hace años, mi hermana, nos invitó a comer a su casa en sábado. Vive al norte, por Naucalpan.
Se llega por el periférico. Siempre está atascado, hay que ir a vuelta de rueda. Por eso me quedé hasta tarde en la reunión, para regresar de noche con poco tráfico. Funcionó bien, había pocos carros. Los niños se quedaron dormidos en el asiento trasero.
Venía tranquila a 80 km/h, en mi vocho*, por el carril central. Por el carril de alta pasaban bólidos a más de cien. En un cierto momento, un Datsun se colocó detrás de mí. Presionaba, como si yo lo estorbara, pero el carril de alta estaba libre. Le hice seña de que me rebasara por la izquierda, pero no hizo caso y cada vez más cerca. Me pasé al carril de baja y él también, presionando. Regresé al centro e igual él. Entonces hice una prueba. Me pasé al de alta y él me imitó. Luego regresé al central. Era predecible.
Me quedé esperando a un bólido de los del carril de alta. Cuando lo vi, calculé a ojo su velocidad. En un cierto momento, me pasé a la izquierda. Una vez que el Datsun se pasó detrás de mí, regresé repentinamente al centro. Yo quería que el bólido lo chocara, que lo hiciera mierda. Si hubieran mantenido sus velocidades constantes hubieran chocado. Pero el otro frenó y el Datsun logró acelerar pasándose al carril de en medio, de tal modo que no hubo colisión. Sin embargo el Datsun quedó delante de mí. Lo había logrado. Lo seguí, manteniendo mi velocidad, sin acercarme. En la siguiente salida, se fue.
Respiré profundo. Fue hasta ese momento que sentí pánico, bajé la velocidad y empecé a temblar.

El acoso, siempre el acoso. Una mujer no se asusta, está entrenada a través de la vida, a lidiarlo en múltiples situaciones. En el transporte, en la calle, en la Universidad, en el periférico, en su casa.
Siempre hay que buscar un modo de zafarse. Poner obstáculos, de manera que el acosador, vea truncado irremediablemente su intento, antes de tener que gritar, pedir auxilio, que casi siempre resulta inútil.


* Vocho, o vochito, es el nombre que se le dio en México
al Volkswagen Sedán, que se fabricó en la planta de Puebla
de la armadora alemana entre 1964 y 2003.
 
Hace años, mi hermana, nos invitó a comer a su casa en sábado. Vive al norte, por Naucalpan.
Se llega por el periférico. Siempre está atascado, hay que ir a vuelta de rueda. Por eso me quedé hasta tarde en la reunión, para regresar de noche con poco tráfico. Funcionó bien, había pocos carros. Los niños se quedaron dormidos en el asiento trasero.
Venía tranquila a 80 km/h, en mi vocho*, por el carril central. Por el carril de alta pasaban bólidos a más de cien. En un cierto momento, un Datsun se colocó detrás de mí. Presionaba, como si yo lo estorbara, pero el carril de alta estaba libre. Le hice seña de que me rebasara por la izquierda, pero no hizo caso y cada vez más cerca. Me pasé al carril de baja y él también, presionando. Regresé al centro e igual él. Entonces hice una prueba. Me pasé al de alta y él me imitó. Luego regresé al central. Era predecible.
Me quedé esperando a un bólido de los del carril de alta. Cuando lo vi, calculé a ojo su velocidad. En un cierto momento, me pasé a la izquierda. Una vez que el Datsun se pasó detrás de mí, regresé repentinamente al centro. Yo quería que el bólido lo chocara, que lo hiciera mierda. Si hubieran mantenido sus velocidades constantes hubieran chocado. Pero el otro frenó y el Datsun logró acelerar pasándose al carril de en medio, de tal modo que no hubo colisión. Sin embargo el Datsun quedó delante de mí. Lo había logrado. Lo seguí, manteniendo mi velocidad, sin acercarme. En la siguiente salida, se fue.
Respiré profundo. Fue hasta ese momento que sentí pánico, bajé la velocidad y empecé a temblar.

El acoso, siempre el acoso. Una mujer no se asusta, está entrenada a través de la vida, a lidiarlo en múltiples situaciones. En el transporte, en la calle, en la Universidad, en el periférico, en su casa.
Siempre hay que buscar un modo de zafarse. Poner obstáculos, de manera que el acosador, vea truncado irremediablemente su intento, antes de tener que gritar, pedir auxilio, que casi siempre resulta inútil.


* Vocho, o vochito, es el nombre que se le dio en México
al Volkswagen Sedán, que se fabricó en la planta de Puebla
de la armadora alemana entre 1964 y 2003.
La manera de comportarse tras el volante es una auténtica radiografía psicológica. Un beso, Luciana.
 
Hace años, mi hermana, nos invitó a comer a su casa en sábado. Vive al norte, por Naucalpan.
Se llega por el periférico. Siempre está atascado, hay que ir a vuelta de rueda. Por eso me quedé hasta tarde en la reunión, para regresar de noche con poco tráfico. Funcionó bien, había pocos carros. Los niños se quedaron dormidos en el asiento trasero.
Venía tranquila a 80 km/h, en mi vocho*, por el carril central. Por el carril de alta pasaban bólidos a más de cien. En un cierto momento, un Datsun se colocó detrás de mí. Presionaba, como si yo lo estorbara, pero el carril de alta estaba libre. Le hice seña de que me rebasara por la izquierda, pero no hizo caso y cada vez más cerca. Me pasé al carril de baja y él también, presionando. Regresé al centro e igual él. Entonces hice una prueba. Me pasé al de alta y él me imitó. Luego regresé al central. Era predecible.
Me quedé esperando a un bólido de los del carril de alta. Cuando lo vi, calculé a ojo su velocidad. En un cierto momento, me pasé a la izquierda. Una vez que el Datsun se pasó detrás de mí, regresé repentinamente al centro. Yo quería que el bólido lo chocara, que lo hiciera mierda. Si hubieran mantenido sus velocidades constantes hubieran chocado. Pero el otro frenó y el Datsun logró acelerar pasándose al carril de en medio, de tal modo que no hubo colisión. Sin embargo el Datsun quedó delante de mí. Lo había logrado. Lo seguí, manteniendo mi velocidad, sin acercarme. En la siguiente salida, se fue.
Respiré profundo. Fue hasta ese momento que sentí pánico, bajé la velocidad y empecé a temblar.

El acoso, siempre el acoso. Una mujer no se asusta, está entrenada a través de la vida, a lidiarlo en múltiples situaciones. En el transporte, en la calle, en la Universidad, en el periférico, en su casa.
Siempre hay que buscar un modo de zafarse. Poner obstáculos, de manera que el acosador, vea truncado irremediablemente su intento, antes de tener que gritar, pedir auxilio, que casi siempre resulta inútil.


* Vocho, o vochito, es el nombre que se le dio en México
al Volkswagen Sedán, que se fabricó en la planta de Puebla
de la armadora alemana entre 1964 y 2003.
Acoso es y clama al cielo esa prepotencia que algunos hombres tienen cuando se suben a sus carros; que no limpiarán en casa, pero el coche lo llevan impoluto... y los humos de machito acelerados.
Arriesgada maniobra la tuya y con posibles daños a terceros pero, si funcionó sin colisiones, bienvenida sea.
Mal se anda aquí en asuntos de igualdades, pero en México... bueno, tú ya sabes.
Buen ataque, por una buena defensa.
Un saludote, Luciana, y a ver si estos atropellos andan a mejor.
 
Acoso es y clama al cielo esa prepotencia que algunos hombres tienen cuando se suben a sus carros; que no limpiarán en casa, pero el coche lo llevan impoluto... y los humos de machito acelerados.
Arriesgada maniobra la tuya y con posibles daños a terceros pero, si funcionó sin colisiones, bienvenida sea.
Mal se anda aquí en asuntos de igualdades, pero en México... bueno, tú ya sabes.
Buen ataque, por una buena defensa.
Un saludote, Luciana, y a ver si estos atropellos andan a mejor.
Pues si, Vincent, así están las cosas por acá. Gracias por leer y comentar. Un abrazo.
 
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