licprof
Poeta fiel al portal
Enfrente del abasto cuando no era shopping sino mercado de abasto, justo enfrente
miràbamos por una ventana cuadrada rectangular el dicho dichoso mercado
y còmo barruntaban la merca algunas pelìculas antiguas en blanco y negro
vistas en el aparato de televisiòn mientras devoràbamos unas suculentas empanadas
de carne, somos, nuestras mentes habìan sido adobadas desde ya muy pequeños
3 años digamos, por las lògicas televisivas y massmediàticas que impregnaban al
planeta entero homogeneizando todo como leche pasteurizada con perdòn de monsieur
Pasteur. Esto no es o no era todo: ademàs, me como unas uvas enteramente negras, una delicia.
Era con doña Stella Maris (estrella de amor o mar, psicoanalista o psicòloga) que hacìamos el amor
en las tardes de verano, los fines de semana, luego de bailar unos suculentos tangos adorables
y adobar esas melodìas con nuestros besos, con nuestros abrasos, con Gombrowicz y su
Ferdydurke, a quien de inmediato comenzè a malamente imitar como todo discìpulo que se
precie de serlo, y yo lo era (pretenciosamente). En pequeños manuscritos que vaya a saberse donde
diablos habràn ido a parar. Y de pronto, el techo caìa sobre nuestras cabezas, la mamposterìa, todo.
miràbamos por una ventana cuadrada rectangular el dicho dichoso mercado
y còmo barruntaban la merca algunas pelìculas antiguas en blanco y negro
vistas en el aparato de televisiòn mientras devoràbamos unas suculentas empanadas
de carne, somos, nuestras mentes habìan sido adobadas desde ya muy pequeños
3 años digamos, por las lògicas televisivas y massmediàticas que impregnaban al
planeta entero homogeneizando todo como leche pasteurizada con perdòn de monsieur
Pasteur. Esto no es o no era todo: ademàs, me como unas uvas enteramente negras, una delicia.
Era con doña Stella Maris (estrella de amor o mar, psicoanalista o psicòloga) que hacìamos el amor
en las tardes de verano, los fines de semana, luego de bailar unos suculentos tangos adorables
y adobar esas melodìas con nuestros besos, con nuestros abrasos, con Gombrowicz y su
Ferdydurke, a quien de inmediato comenzè a malamente imitar como todo discìpulo que se
precie de serlo, y yo lo era (pretenciosamente). En pequeños manuscritos que vaya a saberse donde
diablos habràn ido a parar. Y de pronto, el techo caìa sobre nuestras cabezas, la mamposterìa, todo.