EN EL FONDO DE MI ABISMO
Lloran lágrimas de nieve los soles de la medianoche
esos soles diminutos que se trocean
sobre la línea filosa del horizonte
derramando sus luces últimas por encima de las olas.
Cierro mi vieja valija y me dispongo a partir
He firmado los documentos amarillos que certifican mi renuncia
Renuncio a mi dignidad de hombre
quiero volver al abismo donde lo oscuro era luz
y yo una simple escolopendra cargada de veneno
hasta que alcance la ciudad escondida entre tus labios.
Mi aliento es ya una densa humareda
perfumada con aromas de eucalipto
que se extiende perezosa a lo largo de la nube
Los romeros sobreviven a las penúltimas nieves
para acoger sobre ellos las ropas recién lavadas
rústico homenaje del arroyo a las rameras del pueblo
Se inicia así un idilio que comenzó con el tiempo
una virginal vagina vigilante vomitó viejos pecados
y sólo las manos rudimentarias de las castas lavanderas
fueron las llamadas a la ensoñación y al requiebro
Multicolor el jilguero anochecía entre las ramas
perniciosas florecidas de serpientes.
Las piedras cantarinas adolecían de aristas bruscas
y los oscuros tritones desgarraban sus vientres pétreos
con el suave sonido de las flautas tañidas por unicornios
El cielo era el espejo inalcanzable donde jugaban las nubes
como torsos iluminados y teñidos por la roja sangre.
Al comienzo de la noche sobre los rectos raíles
sólo murmullos de agua se deslizaban para aplacar sus ardores
A esa hora imprecisa en la ciudad
cierran sus puertas las tiendas del librecambio
y se encienden los neones que proclaman los placeres.
Yo corro al límite de los campos para ver desangrarse de nuevo
los soles recién nacidos de la noche
tratando inútilmente de dormir
en el fondo de
mi abismo.
Lloran lágrimas de nieve los soles de la medianoche
esos soles diminutos que se trocean
sobre la línea filosa del horizonte
derramando sus luces últimas por encima de las olas.
Cierro mi vieja valija y me dispongo a partir
He firmado los documentos amarillos que certifican mi renuncia
Renuncio a mi dignidad de hombre
quiero volver al abismo donde lo oscuro era luz
y yo una simple escolopendra cargada de veneno
hasta que alcance la ciudad escondida entre tus labios.
Mi aliento es ya una densa humareda
perfumada con aromas de eucalipto
que se extiende perezosa a lo largo de la nube
Los romeros sobreviven a las penúltimas nieves
para acoger sobre ellos las ropas recién lavadas
rústico homenaje del arroyo a las rameras del pueblo
Se inicia así un idilio que comenzó con el tiempo
una virginal vagina vigilante vomitó viejos pecados
y sólo las manos rudimentarias de las castas lavanderas
fueron las llamadas a la ensoñación y al requiebro
Multicolor el jilguero anochecía entre las ramas
perniciosas florecidas de serpientes.
Las piedras cantarinas adolecían de aristas bruscas
y los oscuros tritones desgarraban sus vientres pétreos
con el suave sonido de las flautas tañidas por unicornios
El cielo era el espejo inalcanzable donde jugaban las nubes
como torsos iluminados y teñidos por la roja sangre.
Al comienzo de la noche sobre los rectos raíles
sólo murmullos de agua se deslizaban para aplacar sus ardores
A esa hora imprecisa en la ciudad
cierran sus puertas las tiendas del librecambio
y se encienden los neones que proclaman los placeres.
Yo corro al límite de los campos para ver desangrarse de nuevo
los soles recién nacidos de la noche
tratando inútilmente de dormir
en el fondo de
mi abismo.