Orfelunio
Poeta veterano en el portal
En el alma y en el culo
Que si el demonio tiene mil caras,
que si los ángeles del infierno,
hay que ver que cosas tan raras
tiene el humano para un remedio.
Alguien ha visto a uno,
¡sólo a uno!, ya sea ángel
o sea demonio...
Seguro que tienen
pelos negros
y algunos rubios...
En el alma y en el culo.
¿Porqué sigue el hombre
creyendo estúpidamente
en sucesos sobradamente
comprobados por la ciencia,
diciendo que son la mano divina
o la paga demoníaca?
Cuando Hernán Cortés
se valió de la argucia,
debido a saber algo más de física
que aquellos que engañaba,
nadie dijo un no mientas,
pues milagros ni soñaba.
Si pues Satanás es padre de la mentira,
será de toda ella y no de la que convenga,
lo que quiere decir que la conquista es de Satanás,
y como algunos dicen que es obra divina,
concluyo, que para bien o para mal,
fue sólo el hombre en busca de cima,
que esclavizó a otro hombre
al que mintió diciendo de un monte,
que es la montaña tan grande
que cobija a todo aquel que se arrima.
FÉRTIL
Y tú, en aquel rincón de espuma blanco, bajo el paraguas transparente de la vida, te quedaste inanimada, y en las pausas de la noche parieron hijos nuestros fantasmas. Llegaron nieves a nuestras sienes ya desgastadas, y en el ocaso anaranjado, sólo quisimos, enamorados, tú de rosa fresca, yo de nardo efebo, dejar dos lirios puros como fragancia de un recuerdo. Y él olvido traicionero, de pelo rizo y alma negro, en sus ojos va pidiendo cual vampiro crece en diente, y como el cuerpo pretendiente fueron dos los que crecieron. Junto al arroyo que no se escucha, un silencio quejumbroso, en el parto emocional, de la emoción fue ceremonia en lunas fértiles y medias claras, de templo lleno de obeliscos, y de arcadas en el pesebre al calor del intestino. Ya nace un animal; yace en el demiurgo, y unos ángeles que avistan carnaval, se disfrazan de mensaje y anuncian la bondad en noche eterna. Y en sus pausas de silencio nos quedamos, como imagen de un Dios de viento seco; con decoro en el acierto, en los espíritus de los cielos descollados, los demonios van naciendo mientras haya un Dios imaginado.
Y un demonio se rebela diciendo ser el Ángel de los Hados; la más pura y negra estrella que la Tierra haya alumbrado. Y yo, si un ángel vuela, soy demonio y también vuelo sobre la Tierra y en el Cielo. Como un pájaro enterrado, quedo quieto y recostado con las alas más salvajes; de los principios principado, de los reyes el retablo, de la plebe breve paso; y voy buscando hora que llueva y que riegue vomitando, ese sol lleno de fiebre, de sabio cazo; bol que lo retiene y se evapora en el fracaso. Quedo etéreo en el puente enarbolado, y como pórtico glorioso, yo abro cielos a pedazos.
Yo, tú, y él Cuerpos distintos, de orquídea hora, en carnes unidos aumentos, y en unos instantes soñados: él bajó, yo dejé mi sillón, y tú sentada de estatua, esperando vestido el deseo. Mi mano se posó sobre el muslo; bajó mi cabeza al infierno rozando su boca, y dejando los labios sucumbió en el cuello. Llegaron mordisco, de succión final por las venas que ardieron, y volviéndose atrás se posó de nuevo en el sello, que abriéndose dejó libre al ofidio y envenenó mis adentros. La mano olvidada seguía su rumbo, y en el monte telonado, sobre la cueva de la vida, rizaba los bellos rizados Se oyó la puerta; yo volví a mi estado, y tú quedaste en la silla expectante de vida, toda hecha de orgasmo. Y entre las piernas, donde la carne aumenta, despierta la muerte en engañada alcoba de rosa y celeste; y tú en otro y yo el deseo en otra; y él, que no se da, sin un esta boca es mía, ya no me estorba, porque tuya es su broca, y mía la nata, cabalgata dulzor de tu boca.