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Embarque a Citerea

Pessoa

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EMBARQUE A CITEREA



Mar como espejo voraz

que abrasa cuanto en él se refleja

las ablandadas pasiones de los sátiros

que con las bellas juegan

o el canto de los pájaros que sólo trinan silencios

Mar que espera como unicornio apaciguado

para transportar en su lomo

orquídeas y hechizos de amor.



Y también la Afrodita de nigth-club

con sus ajadas bellezas

y las luces descarnadas que señalan apenas

los antros donde se ofrecen placeres de carnes lacias

y güisquis adulterados



Intervalos de la pasión que se fragua en las miradas

- las miradas no tienen en el mar reflejo

y no pueden ser devoradas -

Los violentados rasos que abullonan

los elásticos cuerpos de las damas

Los amorcillos de céfiro

magia voladora bajo el árbol que invita a la siesta

Citerea en la lejanía

sueño alcanzable sobre las turquesas que son las teselas del mar

Invención del temblor y del susurro

de la caricia sosegada

en la algarabía de la partida



Amanece en la ciudad

los primeros ajetreos los tranvías y los adormilados obreros

las farolas renuentes a dejar su protagonismo nocturno

el último borracho que abandona la Citerea urbana

desolado por no haber encontrado su fascinación sabatina



Cánticos y el lánguido beso iniciático

rumor de vidrios finísimos en los que se vierte el licor de ámbar

Equipajes de sorpresas en alcancías de oro

que se derramarán sobre las mantelerías verdes

guarnecidas con las hojas inmoladas por el tiempo




Citerea o paraíso

al que sólo pueden acceder los viajeros solitarios

o quienes estén de verdad enamorados y lloran sus abandonos

Cuando brilla intenso el sol

Citerea nos llama con sus vertiginosos silencios.



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Amanece en la ciudad

los primeros ajetreos los tranvías y los adormilados obreros

las farolas renuentes a dejar su protagonismo nocturno

el último borracho que abandona la Citerea urbana

desolado por no haber encontrado su fascinación sabatina

Estimado Miguel, pero que belleza nos deja, yo en particular me quedo con esta estrofa. Me gusta esos amanecers de la ciudad no soy mucho de campo. EXCELENTE, como todo lo que su pluma nos da...

Abrazos tricolor,
 
EMBARQUE A CITEREA



Mar como espejo voraz

que abrasa cuanto en él se refleja

las ablandadas pasiones de los sátiros

que con las bellas juegan

o el canto de los pájaros que sólo trinan silencios

Mar que espera como unicornio apaciguado

para transportar en su lomo

orquídeas y hechizos de amor.



Y también la Afrodita de nigth-club

con sus ajadas bellezas

y las luces descarnadas que señalan apenas

los antros donde se ofrecen placeres de carnes lacias

y güisquis adulterados



Intervalos de la pasión que se fragua en las miradas

- las miradas no tienen en el mar reflejo

y no pueden ser devoradas -

Los violentados rasos que abullonan

los elásticos cuerpos de las damas

Los amorcillos de céfiro

magia voladora bajo el árbol que invita a la siesta

Citerea en la lejanía

sueño alcanzable sobre las turquesas que son las teselas del mar

Invención del temblor y del susurro

de la caricia sosegada

en la algarabía de la partida



Amanece en la ciudad

los primeros ajetreos los tranvías y los adormilados obreros

las farolas renuentes a dejar su protagonismo nocturno

el último borracho que abandona la Citerea urbana

desolado por no haber encontrado su fascinación sabatina



Cánticos y el lánguido beso iniciático

rumor de vidrios finísimos en los que se vierte el licor de ámbar

Equipajes de sorpresas en alcancías de oro

que se derramarán sobre las mantelerías verdes

guarnecidas con las hojas inmoladas por el tiempo




Citerea o paraíso

al que sólo pueden acceder los viajeros solitarios

o quienes estén de verdad enamorados y lloran sus abandonos

Cuando brilla intenso el sol

Citerea nos llama con sus vertiginosos silencios.



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Buenas tardes.
Que gusto da leer tus profundas letras.
Gracias por compartirlas.
Un saludo
 
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que abrasa cuanto en él se refleja

las ablandadas pasiones de los sátiros

que con las bellas juegan

o el canto de los pájaros que sólo trinan silencios

Mar que espera como unicornio apaciguado

para transportar en su lomo

orquídeas y hechizos de amor.



Y también la Afrodita de nigth-club

con sus ajadas bellezas

y las luces descarnadas que señalan apenas

los antros donde se ofrecen placeres de carnes lacias

y güisquis adulterados



Intervalos de la pasión que se fragua en las miradas

- las miradas no tienen en el mar reflejo

y no pueden ser devoradas -

Los violentados rasos que abullonan

los elásticos cuerpos de las damas

Los amorcillos de céfiro

magia voladora bajo el árbol que invita a la siesta

Citerea en la lejanía

sueño alcanzable sobre las turquesas que son las teselas del mar

Invención del temblor y del susurro

de la caricia sosegada

en la algarabía de la partida



Amanece en la ciudad

los primeros ajetreos los tranvías y los adormilados obreros

las farolas renuentes a dejar su protagonismo nocturno

el último borracho que abandona la Citerea urbana

desolado por no haber encontrado su fascinación sabatina



Cánticos y el lánguido beso iniciático

rumor de vidrios finísimos en los que se vierte el licor de ámbar

Equipajes de sorpresas en alcancías de oro

que se derramarán sobre las mantelerías verdes

guarnecidas con las hojas inmoladas por el tiempo




Citerea o paraíso

al que sólo pueden acceder los viajeros solitarios

o quienes estén de verdad enamorados y lloran sus abandonos

Cuando brilla intenso el sol

Citerea nos llama con sus vertiginosos silencios.



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Exuberante poema, ciertamente magistral su arte querido amigo Miguel, es un placer leer su obra. Un abrazo.
 
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Mar como espejo voraz

que abrasa cuanto en él se refleja

las ablandadas pasiones de los sátiros

que con las bellas juegan

o el canto de los pájaros que sólo trinan silencios

Mar que espera como unicornio apaciguado

para transportar en su lomo

orquídeas y hechizos de amor.



Y también la Afrodita de nigth-club

con sus ajadas bellezas

y las luces descarnadas que señalan apenas

los antros donde se ofrecen placeres de carnes lacias

y güisquis adulterados



Intervalos de la pasión que se fragua en las miradas

- las miradas no tienen en el mar reflejo

y no pueden ser devoradas -

Los violentados rasos que abullonan

los elásticos cuerpos de las damas

Los amorcillos de céfiro

magia voladora bajo el árbol que invita a la siesta

Citerea en la lejanía

sueño alcanzable sobre las turquesas que son las teselas del mar

Invención del temblor y del susurro

de la caricia sosegada

en la algarabía de la partida



Amanece en la ciudad

los primeros ajetreos los tranvías y los adormilados obreros

las farolas renuentes a dejar su protagonismo nocturno

el último borracho que abandona la Citerea urbana

desolado por no haber encontrado su fascinación sabatina



Cánticos y el lánguido beso iniciático

rumor de vidrios finísimos en los que se vierte el licor de ámbar

Equipajes de sorpresas en alcancías de oro

que se derramarán sobre las mantelerías verdes

guarnecidas con las hojas inmoladas por el tiempo




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Cuando brilla intenso el sol

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Sentir que esa busqueda del paraiso anunciado y representado en esas luces de llamada
hacia el espacio de una invitacion a los petalos de ese mundo mejor. me ha gustado.
saludos amables de luzyabsenta
 
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