Marla
Poeta fiel al portal
Llegaron los sicarios del silencio.
Trataron de talar mi lengua redentora.
Sembraron
más negrura en el vientre del silencio
y un árbol hosco,
una raíz de enredadera
en cuyas arterias la luz ahorcaba
sus pupilas.
Llegaron los sicarios del silencio
y yo los he burlado,
he cerrado los ojos para reconocerla
y la he visto batirse en duelo con la noche;
la he visto cabalgar vestida de azucenas
sobre un caballo alado,
desvirgando tinieblas, reinventando mi rostro
más allá de estos espejos de derrota.
Ella es ese relámpago de infancia,
son las manos maternas, su tierna disciplina
despertando
mi pálida sangre inconfesable.
Es la fe redentora que creció con tus besos;
un amanecer truncado que aguarda todavía
su reinado de luz tras las densas cortinas
de las sombras.
Trataron de talar mi lengua redentora.
Sembraron
más negrura en el vientre del silencio
y un árbol hosco,
una raíz de enredadera
en cuyas arterias la luz ahorcaba
sus pupilas.
Llegaron los sicarios del silencio
y yo los he burlado,
he cerrado los ojos para reconocerla
y la he visto batirse en duelo con la noche;
la he visto cabalgar vestida de azucenas
sobre un caballo alado,
desvirgando tinieblas, reinventando mi rostro
más allá de estos espejos de derrota.
Ella es ese relámpago de infancia,
son las manos maternas, su tierna disciplina
despertando
mi pálida sangre inconfesable.
Es la fe redentora que creció con tus besos;
un amanecer truncado que aguarda todavía
su reinado de luz tras las densas cortinas
de las sombras.