Affer
Poeta recién llegado
El zorro, con sus ojos rasgados,
con su boca encajada,
afilados dientes,
levanta el aire para despistar
mientras en un vaivén
oscila su peluda extremidad distal.
Tú crees en lo trémulo de su pupila,
en la lineal gravedad que imprime a su voz.
Te adormece meloso al dejar caer
el leve satén que casi cubre
tu desnudez
y
confías...
entre tanto, en lo imperceptible de un lapso,
ha circundado
tu aura y husmeado
tu candidez.
En el candil de su iris
tu imagen se refleja como un deseo,
el mejor trofeo;
y cuando sueltas esas palabras,
bálsamo para unificar utopía,
en pleno orgasmo
desaparece tu sombra.
con su boca encajada,
afilados dientes,
levanta el aire para despistar
mientras en un vaivén
oscila su peluda extremidad distal.
Tú crees en lo trémulo de su pupila,
en la lineal gravedad que imprime a su voz.
Te adormece meloso al dejar caer
el leve satén que casi cubre
tu desnudez
y
confías...
entre tanto, en lo imperceptible de un lapso,
ha circundado
tu aura y husmeado
tu candidez.
En el candil de su iris
tu imagen se refleja como un deseo,
el mejor trofeo;
y cuando sueltas esas palabras,
bálsamo para unificar utopía,
en pleno orgasmo
desaparece tu sombra.
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