cipres1957
Poeta veterano en el portal
Era mi última bocanada de vida que esa mañana aspiraba; ella había decidido marcharse temprano, apenas despuntaba el primer eructo del desayuno: café con leche y tostadas con mermelada de naranjas; su preferida.
Del perchero de la entrada a mi departamento, en el piso cuarto del viejo edificio de la calle 22, tomó su saco gris que colgaba al lado de mi gato que hace años permanece también colgado del collar azul y que con mirada vidriosa la observaba sin decir nada; sólo sonreía con una fría mueca de baba muerta.
Abrió con calma la puerta que da a la oscura boca del ascensor; del llavero en forma de corazón con las letras J y D grabadas, retiró la llave de acceso al viejo edificio, la dejó sobre el drossier, guardó el llavero en su cartera y volviendo la mirada cerró sus pasos en mi cara.
El gato seguía callado, pero esta vez sus fríos ojos orbitaron una sorpresa, una consternación acéfala coma grado cuatro.
- Otra loca que olvidó que en el viejo edificio de la calle 22, nunca se montó el ascensor de servicio.
Del perchero de la entrada a mi departamento, en el piso cuarto del viejo edificio de la calle 22, tomó su saco gris que colgaba al lado de mi gato que hace años permanece también colgado del collar azul y que con mirada vidriosa la observaba sin decir nada; sólo sonreía con una fría mueca de baba muerta.
Abrió con calma la puerta que da a la oscura boca del ascensor; del llavero en forma de corazón con las letras J y D grabadas, retiró la llave de acceso al viejo edificio, la dejó sobre el drossier, guardó el llavero en su cartera y volviendo la mirada cerró sus pasos en mi cara.
El gato seguía callado, pero esta vez sus fríos ojos orbitaron una sorpresa, una consternación acéfala coma grado cuatro.
- Otra loca que olvidó que en el viejo edificio de la calle 22, nunca se montó el ascensor de servicio.