Un ventarrón sopló sobre la mesa,
arrebatándome la hoja de papel donde yo escribía.
Ya no quedaba nada sobre lo que mi bolígrafo
pudiera escribir,
porque, pensé, la ventana si había abierto.
Le dije a mi amiga que cerrara la ventana
pero ese ventarrón ya estaba en la habitación.
Estaba hojeando todos los libros al azar,
que crujían y se quejaban sin parar.
Y las hojas sueltas que habían flotaban y
revoloteaban debajo de la mesa.
Sobre lo que podía agarrar ponía yo algo pesado-
si no, volaba hacia arriba otra vez.
Cada vez que quería mirar un libro,
tenía que apretar fuertemente mis manos-
con semejante ventarrón, no podía leer nada,
qué iba a entender de semejantes libros?
Lo hacía todo sin motivo alguno,
me agredía con brusquedad.
Pero con un ventarrón no se discute :
permanecí sentada, rígida, hasta que estalló.
arrebatándome la hoja de papel donde yo escribía.
Ya no quedaba nada sobre lo que mi bolígrafo
pudiera escribir,
porque, pensé, la ventana si había abierto.
Le dije a mi amiga que cerrara la ventana
pero ese ventarrón ya estaba en la habitación.
Estaba hojeando todos los libros al azar,
que crujían y se quejaban sin parar.
Y las hojas sueltas que habían flotaban y
revoloteaban debajo de la mesa.
Sobre lo que podía agarrar ponía yo algo pesado-
si no, volaba hacia arriba otra vez.
Cada vez que quería mirar un libro,
tenía que apretar fuertemente mis manos-
con semejante ventarrón, no podía leer nada,
qué iba a entender de semejantes libros?
Lo hacía todo sin motivo alguno,
me agredía con brusquedad.
Pero con un ventarrón no se discute :
permanecí sentada, rígida, hasta que estalló.