El valle de lágrimas.
Tierra maltratada.
Tierra quemada.
Tierra que devuelve
el negro sabor
de la nada.
Infierno en llamas.
Gente aullando.
La palabra… en pausa.
Hasta para morir,
colas de hambre.
Sin caridad.
Sin alma.
Liberarse…
Liberarse de este juego macabro
parece un sueño.
Resurgir en un cielo inventado,
imaginario,
donde ningún cuerpo abrasado
sienta deseo.
Catedrales vacías.
Muertos que dejaron esperanza
y piedra.
Hoy, solo piedra.
Solo belleza derramada en lamentos.
El sol quema.
Sin piedad.
Nadie la tendrá con él.
Su extinción,
como un gran faraón,
se llevará a todos sus comensales.
A todos.
A los que invitó,
a los que emborrachó antes
para no parecer tan fiero.
Qué locura la vida
cuando de ella solo se espera
no sufrir más…
más de lo que ya sangramos.
Caras de resistencia.
Sentencia la muerte.
Cementerios vacíos.
Quemazón limpia.
Ni un insecto saciado.
No creer en crepúsculos
hace más triste
la serenidad del sereno.
No hay engaño.
No hay carta.
No hay cartón
que borre la crueldad del cartel
que te invita
al terror mañanero.
El sinsentido…
te acompaña.
El absurdo,
sentado detrás,
respira contigo.
Las cotorras vigilan a gritos.
No hay siesta
para el mendigo suelto.
Solo el sueño arrasa con todo.
Descanso del guerrero.
Aún vivo.
Migas de placer.
Regalos mínimos
para creer…
para creer…
que mañana será mejor que hoy.
Pero no hay intriga.
No hay llama.
No hay consuelo.
Y la realidad…
se clava en tus ojos abiertos.
Mirar tanta mentira,
estar despierta,
es mal presagio.
El destierro pesa.
Pesa más.
Más…
que todos los devaneos.
13/08/2025
©Dikia
Tierra maltratada.
Tierra quemada.
Tierra que devuelve
el negro sabor
de la nada.
Infierno en llamas.
Gente aullando.
La palabra… en pausa.
Hasta para morir,
colas de hambre.
Sin caridad.
Sin alma.
Liberarse…
Liberarse de este juego macabro
parece un sueño.
Resurgir en un cielo inventado,
imaginario,
donde ningún cuerpo abrasado
sienta deseo.
Catedrales vacías.
Muertos que dejaron esperanza
y piedra.
Hoy, solo piedra.
Solo belleza derramada en lamentos.
El sol quema.
Sin piedad.
Nadie la tendrá con él.
Su extinción,
como un gran faraón,
se llevará a todos sus comensales.
A todos.
A los que invitó,
a los que emborrachó antes
para no parecer tan fiero.
Qué locura la vida
cuando de ella solo se espera
no sufrir más…
más de lo que ya sangramos.
Caras de resistencia.
Sentencia la muerte.
Cementerios vacíos.
Quemazón limpia.
Ni un insecto saciado.
No creer en crepúsculos
hace más triste
la serenidad del sereno.
No hay engaño.
No hay carta.
No hay cartón
que borre la crueldad del cartel
que te invita
al terror mañanero.
El sinsentido…
te acompaña.
El absurdo,
sentado detrás,
respira contigo.
Las cotorras vigilan a gritos.
No hay siesta
para el mendigo suelto.
Solo el sueño arrasa con todo.
Descanso del guerrero.
Aún vivo.
Migas de placer.
Regalos mínimos
para creer…
para creer…
que mañana será mejor que hoy.
Pero no hay intriga.
No hay llama.
No hay consuelo.
Y la realidad…
se clava en tus ojos abiertos.
Mirar tanta mentira,
estar despierta,
es mal presagio.
El destierro pesa.
Pesa más.
Más…
que todos los devaneos.
13/08/2025
©Dikia
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