Luis Elissamburu
Poeta fiel al portal
Había un toro,
en el rodeo aquel
de la estancia vecina.
Empeñado estaba
en venir a mi chacra
a comer cebadilla.
Parecía muy fiero,
con sus largos cuernos
y la mirada oscura.
Ni los perros bravos
lograban sacarlo
de su terca postura.
Mi poca temeridad
se le acercó
una tarde de invierno.
Y ví sus cicatríces,
sus ojos tristes,
sus mansos reflejos.
Dios decidió
que niños y bestias
necesitan abrigo.
El toro viejo
se puso a engordar
y yo, tuve un amigo.
en el rodeo aquel
de la estancia vecina.
Empeñado estaba
en venir a mi chacra
a comer cebadilla.
Parecía muy fiero,
con sus largos cuernos
y la mirada oscura.
Ni los perros bravos
lograban sacarlo
de su terca postura.
Mi poca temeridad
se le acercó
una tarde de invierno.
Y ví sus cicatríces,
sus ojos tristes,
sus mansos reflejos.
Dios decidió
que niños y bestias
necesitan abrigo.
El toro viejo
se puso a engordar
y yo, tuve un amigo.