Rosa Reeder
Poeta que considera el portal su segunda casa
En la médula del silencio
tiembla un ojo infinito,
un círculo sin bordes
que respira con mil nombres.
El universo es su párpado,
la noche, su parpadeo;
y cada estrella un destello
de la mente que nos sueña.
Somos fragmentos líquidos
de su pensamiento eterno,
olas que rompen en la orilla
del corazón del misterio.
El tiempo es su túnica extendida,
los ríos, su voz desbordada,
y el viento es apenas un suspiro
de aquel que nunca calla.
Dios, Todo, Nada y Todo,
se oculta en lo visible,
un latido que se expande
y en nosotros se repite.
No lo busques en las sombras,
ni en las estatuas dormidas:
su reflejo arde en tus venas,
su palabra en tu silencio habita.
Rosa María Reeder
Derechos Reservados
tiembla un ojo infinito,
un círculo sin bordes
que respira con mil nombres.
El universo es su párpado,
la noche, su parpadeo;
y cada estrella un destello
de la mente que nos sueña.
Somos fragmentos líquidos
de su pensamiento eterno,
olas que rompen en la orilla
del corazón del misterio.
El tiempo es su túnica extendida,
los ríos, su voz desbordada,
y el viento es apenas un suspiro
de aquel que nunca calla.
Dios, Todo, Nada y Todo,
se oculta en lo visible,
un latido que se expande
y en nosotros se repite.
No lo busques en las sombras,
ni en las estatuas dormidas:
su reflejo arde en tus venas,
su palabra en tu silencio habita.
Rosa María Reeder
Derechos Reservados