Ángel San Isidro
Poeta que considera el portal su segunda casa
El Tiempo...las Prisas y el Ente
Cuanto más pienso en el tiempo,
menos dispongo...
de los bienaventurados minutos
que se van con muchas prisas,
de mi corta y agradable vida en apenas...
unos pocos segundos;
Que tendrá el tiempo,
cuando este se pasea con tanta velocidad
y con tanta naturalidad por los arrogantes
acantilados de la ensoñación de mis tormentos,
sin recrearse con mis fugaces y azules ojos negros
de los naturales colores del tiempo,
dejándolos pasar con gran complacencia
de esa versatilidad que con muchas prisas,
miran hacia los versos que se construyen uno a uno
como si fueran palomas esas disyuntivas fuerzas,
que me persiguen dentro y fuera del subyugante...
ambiguo futuro;
Pero que me importará lo que piense
al final de mi vida toda la gente...
si yo con mi corazón no pretendo vivir
eternamente...porque todavía sigo siendo,
un joven cautivo del amor donde vivo la vida
completamente solo y presente,
para amargamente ser sólo un ente vivo
que desesperado vive soñando plácidamente...
con su mente ausente.
Autor: Ángel San Isidro
Todos los Derechos Reservados
Cuanto más pienso en el tiempo,
menos dispongo...
de los bienaventurados minutos
que se van con muchas prisas,
de mi corta y agradable vida en apenas...
unos pocos segundos;
Que tendrá el tiempo,
cuando este se pasea con tanta velocidad
y con tanta naturalidad por los arrogantes
acantilados de la ensoñación de mis tormentos,
sin recrearse con mis fugaces y azules ojos negros
de los naturales colores del tiempo,
dejándolos pasar con gran complacencia
de esa versatilidad que con muchas prisas,
miran hacia los versos que se construyen uno a uno
como si fueran palomas esas disyuntivas fuerzas,
que me persiguen dentro y fuera del subyugante...
ambiguo futuro;
Pero que me importará lo que piense
al final de mi vida toda la gente...
si yo con mi corazón no pretendo vivir
eternamente...porque todavía sigo siendo,
un joven cautivo del amor donde vivo la vida
completamente solo y presente,
para amargamente ser sólo un ente vivo
que desesperado vive soñando plácidamente...
con su mente ausente.
Autor: Ángel San Isidro
Todos los Derechos Reservados