Ansel Arenas
Poeta que considera el portal su segunda casa
El tiempo de volver al arrecife...
En tierras del pasado, crece el ayer
de odios que hieren y amores
que salvan nuestros débiles trajes
de carne, sangre y huesos vistos
como inquinas por los dueños
de altivos edificios donde se trama
cobrar un alto peaje para dar paso
a los seres de luz.
Lo que no dimos es pasado,
lo que no hemos pagado es deuda
pendiente,
la causalidad que nunca olvida
al caminar nos la ha de cobrar.
En las aguas de nuestros cuerpos
invisibles, las anémonas nos han
visto felices cohabitar bajo
el bosque de coral, instantes
de eternidad que la muerte
sin avisos nos los puede quitar.
El tiempo de volver al arrecife
siendo moluscos o peces,
no, nos debe asustar, seremos
lo que otros han sido en su ir
y venir: breves hálitos de vida,
en la espuma del mar.
En tierras del pasado, crece el ayer
de odios que hieren y amores
que salvan nuestros débiles trajes
de carne, sangre y huesos vistos
como inquinas por los dueños
de altivos edificios donde se trama
cobrar un alto peaje para dar paso
a los seres de luz.
Lo que no dimos es pasado,
lo que no hemos pagado es deuda
pendiente,
la causalidad que nunca olvida
al caminar nos la ha de cobrar.
En las aguas de nuestros cuerpos
invisibles, las anémonas nos han
visto felices cohabitar bajo
el bosque de coral, instantes
de eternidad que la muerte
sin avisos nos los puede quitar.
El tiempo de volver al arrecife
siendo moluscos o peces,
no, nos debe asustar, seremos
lo que otros han sido en su ir
y venir: breves hálitos de vida,
en la espuma del mar.