emiled
Poeta adicto al portal
EL templo
I-
Había, entre tanta maleza y ruindad,
al oeste de la morada de Lucifer,
un jardín que rebosaba de herejías.
Allí, en tiempos no muy lejanos
se erigió, a costa de necedades,
un templo; bajo un reluciente sol de otoño.
Se manchó entonces la inocencia;
porque una vez la Tierra fue santa.
Pero antaño anduvo un lobo sediento
cruzando las fértiles llanuras verdosas.
Y eligió las zonas vírgenes de la pradera
para ahí escupir sus entrañas.
Y se convirtió en el cordero redentor;
Pero en el fondo siguió siendo un Demonio.
II-
Cuando estuvo labrada la tierra,
Entonces se construyeron las bases y cimientos.
Así se irguió el imponente templo de oro,
Con estatuas de marfil y bronce pulido.
El campo se tiñó de negra muerte.
Las rosas murieron tras lenta agonía;
también lirios palidecieron lúgubremente.
III-
El cielo vierte ahora sobre el templo
un rocío lánguido, de muerte.
Y es ahí donde se crían los gusanos,
esos que después suben hasta las tumbas
y se alimentan de las podredumbres.
Es ahí donde, entre nieblas,
se engendran los viles espectros
que después habitan las tormentas
de ácido y dolor que trae el maldito.
Ahí, donde se manchó la inocencia,
las columnas serán derrumbadas;
y caerá fuerte lluvia sin descanso
para lavar heridas que no han sido sanadas.
-Emiliano Ruiz Diaz-
I-
Había, entre tanta maleza y ruindad,
al oeste de la morada de Lucifer,
un jardín que rebosaba de herejías.
Allí, en tiempos no muy lejanos
se erigió, a costa de necedades,
un templo; bajo un reluciente sol de otoño.
Se manchó entonces la inocencia;
porque una vez la Tierra fue santa.
Pero antaño anduvo un lobo sediento
cruzando las fértiles llanuras verdosas.
Y eligió las zonas vírgenes de la pradera
para ahí escupir sus entrañas.
Y se convirtió en el cordero redentor;
Pero en el fondo siguió siendo un Demonio.
II-
Cuando estuvo labrada la tierra,
Entonces se construyeron las bases y cimientos.
Así se irguió el imponente templo de oro,
Con estatuas de marfil y bronce pulido.
El campo se tiñó de negra muerte.
Las rosas murieron tras lenta agonía;
también lirios palidecieron lúgubremente.
III-
El cielo vierte ahora sobre el templo
un rocío lánguido, de muerte.
Y es ahí donde se crían los gusanos,
esos que después suben hasta las tumbas
y se alimentan de las podredumbres.
Es ahí donde, entre nieblas,
se engendran los viles espectros
que después habitan las tormentas
de ácido y dolor que trae el maldito.
Ahí, donde se manchó la inocencia,
las columnas serán derrumbadas;
y caerá fuerte lluvia sin descanso
para lavar heridas que no han sido sanadas.
-Emiliano Ruiz Diaz-