Trinity
Vampiro.
Y me sirvieron una taza de té
a las once cincuenta y cinco,
mientras la puerta rechinante y seca
cantaba una espeluznante canción.
Un cáncer cerebral se pontifica
y me extravío entre las luces de la grandeza,
opacando mi ilógica alegría.
¿Acaso ya no respiro?
Que el rencor nunca ciega mis manos,
que el elixir de la vida se extinguió
junto con los sentimientos recién diseñados
Ahí...
Hay
¡Ay! -El té aún está muy caliente-.
Paso desapercibida, con la mirada viva de vacío,
al tiempo en que cabizbaja, temo
¿Por qué no se detienen? ¡Me atormentan!
Calma, querida mía me indico-
y la canción acaba.
Entonces quedé sola
Contándole cuentos a mi locura,
saltando desesperada por el barro,
llorando mientras reía,
olvidando mi absurda procedencia sin destino.
Tuve el poder Tenía el poder
Pero seguía allí,
estancada entre falsas ideologías,
pisoteando escarabajos, destruyéndolo todo
Víctima-victimaria: Autodestrucción.
Ya la puerta no se encontraba seca
-ni rechinando; ni existiendo-
y el té, yacía lleno de gusanos frente a mí.
A las doce
-Las campanadas lo remarcan-.
A las doce
Cuando los fantasmas me exiliaron
y mi cuerpo recobró la decepción.
Terminó el conteo porque el tiempo expira,
porque se agotó lo que conocía
en mi absurda retribución hacía mi misma
Entonces, el silencio tan deseado se hizo absoluto
Y morí una vez más.