Mi padre,
llega a mí con los ojos anegados de lágrimas
y en ellas todavía se relucía
aquel bello lugar donde lo habían llevado
los sueños de su hija.
Padre,
¿qué ocurre? ¿por qué lloras?
Él me respondió con voz lánguida.
Tu hermana hijo, tu hermana...
Ella me llamo para decirme
que había soñado con su abuelo, ¡ mi padre!
quién se fue con mi ingratitud
y se le quedó aquí mi arrepentimiento.
Me dijo que corrían los dos juntos de la mano
por el paraíso hasta enloquecer.
Me dijo:
era un lugar vestido de pasto,
con árboles, con pajaritos,
con la sublimidad que envolvía todo
incluso nosotros que dejábamos de ser humanos.
Hijo mío,
tu hermana me decía:
papá éramos felices
Con absoluta candidez.
Entrelazados nuestros llantos y brazos
hijo y padre y pensando
en la frase de una niña pequeña
que le decía a su padre
papá éramos felices