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El sordo, el enano y el mudo

selenschek manfred

Hijo de la Luna
Me han sucedido cosas realmente curiosas en la vida
y que ahora mismo recuerdo, como la de aquel día en la cantina
con dos de mis más entrañables amigos de la adolescencia;
a los que con cariño llamábamos: el enano y el mudo.
Recuerdo bien las aventuras junto a ellos, pero en especial
la de ese día en la cantina;
discutíamos de asuntos políticos en los que siempre discrepábamos
por nuestra condición de socialistas revolucionarios;
el dueño del recinto que era casi sordo, era quien mas se molestaba,
más por su condición de sordo que por política;
pues bien, la conversación ese día dio origen a un disturbio dentro del local,
al punto de sentirse hasta en las afueras,
la policía apareció como siempre pues este lugar era una verdadera gallera.
Estábamos los tres, el enano, el mudo y yo, sudados por el fragor de la pelea
y uno de los efectivos policiales se acerco a nosotros
mientras el enano hacía un movimiento de fuga;
ya iba cercano a la salida cuando el policía dirigiéndose a el le grito:

¡ oye tu ! ¡ ALTO !. Obviamente esta no era una palabra a la que el enano
estuviese habituado escuchar, por lo tanto siguió de largo hacia afuera,
mientras al mudo y a mi nos dio un ataque de risa.
El policía al vernos se sonrojo del enojo cosa que aumentó las carcajadas,
al mudo se le escapó el peo más sonoro que jamás haya oído nadie,
podrán imaginarse la indignación del representante de la ley
al escuchar semejante burla frente a sus narices,
sin considerar las risas que iban y venían.
Una vez hecho el silencio, el policía dirigiéndose al mudo y leyendo sus derechos
le dijo: tienes derecho a permanecer callado y buscar un buen abogado ¡ COÑO !
Esto desato una ventolera y un pandemónium de risas
que encendió una trifulca entre policías y borrachos que no se entendía;
el único que permaneció relativamente serio era el dueño del lugar,
que por su condición y habiendo perdido los auriculares de sus oídos
no entendía del todo lo que ocurría mientras aquel lugar se venía abajo.
Tal fue la impresión de ver todo lo que allí ocurrió que al pobre sordo le dio un infarto.
Recuerdo bien que en su funeral y estando presentes el enano, el mudo y yo,
el alcalde de la ciudad refiriéndose a la risa como hija de las ironías de la vida,
nos mando a guardar" un minuto de silencio" en honor al sordo que desde el cielo le escuchaba. :)




 
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Me han sucedido cosas realmente curiosas en la vida
y que ahora mismo recuerdo, como la de aquel día en la cantina
con dos de mis más entrañables amigos de la adolescencia;
a los que con cariño llamábamos: el enano y el mudo.
Recuerdo bien las aventuras junto a ellos, pero en especial
la de ese día en la cantina;
discutíamos de asuntos políticos en los que siempre discrepábamos
por nuestra condición de socialistas revolucionarios;
el dueño del recinto que era casi sordo, era quien mas se molestaba,
más por su condición de sordo que por política;
pues bien, la conversación ese día dio origen a un disturbio dentro del local,
al punto de sentirse hasta en las afueras,
la policía apareció como siempre pues este lugar era una verdadera gallera.
Estábamos los tres, el enano, el mudo y yo, sudados por el fragor de la pelea
y uno de los efectivos policiales se acerco a nosotros
mientras el enano hacía un movimiento de fuga;
ya iba cercano a la salida cuando el policía dirigiéndose a el le grito:

¡ oye tu ! ¡ ALTO !. Obviamente esta no era una palabra a la que el enano
estuviese habituado escuchar, por lo tanto siguió de largo hacia afuera,
mientras al mudo y a mi nos dio un ataque de risa.
El policía al vernos se sonrojo del enojo cosa que aumentó las carcajadas,
al mudo se le escapó el peo más sonoro que jamás haya oído nadie,
podrán imaginarse la indignación del representante de la ley
al escuchar semejante burla frente a sus narices,
sin considerar las risas que iban y venían.
Una vez hecho el silencio, el policía dirigiéndose al mudo y leyendo sus derechos
le dijo: tienes derecho a permanecer callado y buscar un buen abogado ¡ COÑO !
Esto desato una ventolera y un pandemónium de risas
que encendió una trifulca entre policías y borrachos que no se entendía;
el único que permaneció relativamente serio era el dueño del lugar,
que por su condición y habiendo perdido los auriculares de sus oídos
no entendía del todo lo que ocurría mientras aquel lugar se venía abajo.
Tal fue la impresión de ver todo lo que allí ocurrió que al pobre sordo le dio un infarto.
Recuerdo bien que en su funeral y estando presentes el enano, el mudo y yo,
el alcalde de la ciudad refiriéndose a la risa como hija de las ironías de la vida,
nos mando a guardar" un minuto de silencio" en honor al sordo que desde el cielo le escuchaba. :)



Ayyy Selens qué relato más pletórico de sarcasmo humorístico, todo él se desarrolla en un ambiente de jocosidad y desenfado, tal vez en el momento beatífico del vino que le quita un poco de herrumbre al estado de las cosas. Me ha encantado leerte querido amigo, tus dotes de prosista son excelentes, gracias por compartísnoslas. Besazos llenos de cariño y de admiración.....muááááácksss...
 
Ahhhhhhh, jajajajaja magnífica historia llena de sátiras y anécdotas increíbles aunque no por ello menos ciertas, definitivamente uno de los relatos más humorísticos que he leído. Simplemente glorioso! Un verdadero placer disfrutar de esta magistral prosa, selenschek manfred, reciba mis más sinceras felicitaciones y saludos.
 
Me han sucedido cosas realmente curiosas en la vida
y que ahora mismo recuerdo, como la de aquel día en la cantina
con dos de mis más entrañables amigos de la adolescencia;
a los que con cariño llamábamos: el enano y el mudo.
Recuerdo bien las aventuras junto a ellos, pero en especial
la de ese día en la cantina;
discutíamos de asuntos políticos en los que siempre discrepábamos
por nuestra condición de socialistas revolucionarios;
el dueño del recinto que era casi sordo, era quien mas se molestaba,
más por su condición de sordo que por política;
pues bien, la conversación ese día dio origen a un disturbio dentro del local,
al punto de sentirse hasta en las afueras,
la policía apareció como siempre pues este lugar era una verdadera gallera.
Estábamos los tres, el enano, el mudo y yo, sudados por el fragor de la pelea
y uno de los efectivos policiales se acerco a nosotros
mientras el enano hacía un movimiento de fuga;
ya iba cercano a la salida cuando el policía dirigiéndose a el le grito:

¡ oye tu ! ¡ ALTO !. Obviamente esta no era una palabra a la que el enano
estuviese habituado escuchar, por lo tanto siguió de largo hacia afuera,
mientras al mudo y a mi nos dio un ataque de risa.
El policía al vernos se sonrojo del enojo cosa que aumentó las carcajadas,
al mudo se le escapó el peo más sonoro que jamás haya oído nadie,
podrán imaginarse la indignación del representante de la ley
al escuchar semejante burla frente a sus narices,
sin considerar las risas que iban y venían.
Una vez hecho el silencio, el policía dirigiéndose al mudo y leyendo sus derechos
le dijo: tienes derecho a permanecer callado y buscar un buen abogado ¡ COÑO !
Esto desato una ventolera y un pandemónium de risas
que encendió una trifulca entre policías y borrachos que no se entendía;
el único que permaneció relativamente serio era el dueño del lugar,
que por su condición y habiendo perdido los auriculares de sus oídos
no entendía del todo lo que ocurría mientras aquel lugar se venía abajo.
Tal fue la impresión de ver todo lo que allí ocurrió que al pobre sordo le dio un infarto.
Recuerdo bien que en su funeral y estando presentes el enano, el mudo y yo,
el alcalde de la ciudad refiriéndose a la risa como hija de las ironías de la vida,
nos mando a guardar" un minuto de silencio" en honor al sordo que desde el cielo le escuchaba. :)



Jajajajajajajajajajajajaja, ""un minuto de silencio"".....¡¡en honor al sordo!!, JAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJA.

Has tenido ingenio, jajaja. Por lo que veo, el despelote de risas y chanzas, no solo fue el de la cantina, sino que siguió después hasta el mismo momento del entierro del ""sordo"", jajajajajajajajajajaja.

Buena prosa, me enganché a ella desde la primera línea, mantuviste despierto el interés del lector, y eso, hace que tu relato sea considerado como muy bueno. Y por ello, te lo elogio.

Un fuerte abrazo, querido Manfred.
 
jajaja, mi estimado Selens, te pasaste amigo con esta historia, realmente me has quitado una sonrisa en un día no tan agradable;) de paso te comento que tengo unos amigxs que eternamente me han rebautizado además de "dulce" como me llaman habitualmente, con el sobrenombre de "muda" porque dicen que no paro de hablar, jajaja. Gracias mi Selens, por regalarnos esta prosa.
Abrazos con cariños para ti.
 
jajaja, mi estimado Selens, te pasaste amigo con esta historia, realmente me has quitado una sonrisa en un día no tan agradable;) de paso te comento que tengo unos amigxs que eternamente me han rebautizado además de "dulce" como me llaman habitualmente, con el sobrenombre de "muda" porque dicen que no paro de hablar, jajaja. Gracias mi Selens, por regalarnos esta prosa.
Abrazos con cariños para ti.
La muda !! Jajajaja me entero mi bonita, me imagino tu conversando con los amixs, jajajaja más linda, bueno para mi eres mi Sunami que más nadie te diga así ok !! Gracias por tu compañía me hace feliz.
 
Jajajajaja....¡qué terribles muchachos, Dios mío! hay anécdotas increibles, estimado Manfred....pero de veras suceden....sobre todo tratándose de adolescentes, todo se puede esperar. Felicito tus letras con sentido del humor y te dejo mi cordial saludo.
 
Me han sucedido cosas realmente curiosas en la vida
y que ahora mismo recuerdo, como la de aquel día en la cantina
con dos de mis más entrañables amigos de la adolescencia;
a los que con cariño llamábamos: el enano y el mudo.
Recuerdo bien las aventuras junto a ellos, pero en especial
la de ese día en la cantina;
discutíamos de asuntos políticos en los que siempre discrepábamos
por nuestra condición de socialistas revolucionarios;
el dueño del recinto que era casi sordo, era quien mas se molestaba,
más por su condición de sordo que por política;
pues bien, la conversación ese día dio origen a un disturbio dentro del local,
al punto de sentirse hasta en las afueras,
la policía apareció como siempre pues este lugar era una verdadera gallera.
Estábamos los tres, el enano, el mudo y yo, sudados por el fragor de la pelea
y uno de los efectivos policiales se acerco a nosotros
mientras el enano hacía un movimiento de fuga;
ya iba cercano a la salida cuando el policía dirigiéndose a el le grito:

¡ oye tu ! ¡ ALTO !. Obviamente esta no era una palabra a la que el enano
estuviese habituado escuchar, por lo tanto siguió de largo hacia afuera,
mientras al mudo y a mi nos dio un ataque de risa.
El policía al vernos se sonrojo del enojo cosa que aumentó las carcajadas,
al mudo se le escapó el peo más sonoro que jamás haya oído nadie,
podrán imaginarse la indignación del representante de la ley
al escuchar semejante burla frente a sus narices,
sin considerar las risas que iban y venían.
Una vez hecho el silencio, el policía dirigiéndose al mudo y leyendo sus derechos
le dijo: tienes derecho a permanecer callado y buscar un buen abogado ¡ COÑO !
Esto desato una ventolera y un pandemónium de risas
que encendió una trifulca entre policías y borrachos que no se entendía;
el único que permaneció relativamente serio era el dueño del lugar,
que por su condición y habiendo perdido los auriculares de sus oídos
no entendía del todo lo que ocurría mientras aquel lugar se venía abajo.
Tal fue la impresión de ver todo lo que allí ocurrió que al pobre sordo le dio un infarto.
Recuerdo bien que en su funeral y estando presentes el enano, el mudo y yo,
el alcalde de la ciudad refiriéndose a la risa como hija de las ironías de la vida,
nos mando a guardar" un minuto de silencio" en honor al sordo que desde el cielo le escuchaba. :)




RISAS-2.gif
Excelente bonito Selelns... la ironía y jocosidad venezolana se hace presente en tu estupenda narración, ademas de super-divertida, muy bien hilada. Un placer disfrutar este rato contigo :)
 
Me han sucedido cosas realmente curiosas en la vida
y que ahora mismo recuerdo, como la de aquel día en la cantina
con dos de mis más entrañables amigos de la adolescencia;
a los que con cariño llamábamos: el enano y el mudo.
Recuerdo bien las aventuras junto a ellos, pero en especial
la de ese día en la cantina;
discutíamos de asuntos políticos en los que siempre discrepábamos
por nuestra condición de socialistas revolucionarios;
el dueño del recinto que era casi sordo, era quien mas se molestaba,
más por su condición de sordo que por política;
pues bien, la conversación ese día dio origen a un disturbio dentro del local,
al punto de sentirse hasta en las afueras,
la policía apareció como siempre pues este lugar era una verdadera gallera.
Estábamos los tres, el enano, el mudo y yo, sudados por el fragor de la pelea
y uno de los efectivos policiales se acerco a nosotros
mientras el enano hacía un movimiento de fuga;
ya iba cercano a la salida cuando el policía dirigiéndose a el le grito:

¡ oye tu ! ¡ ALTO !. Obviamente esta no era una palabra a la que el enano
estuviese habituado escuchar, por lo tanto siguió de largo hacia afuera,
mientras al mudo y a mi nos dio un ataque de risa.
El policía al vernos se sonrojo del enojo cosa que aumentó las carcajadas,
al mudo se le escapó el peo más sonoro que jamás haya oído nadie,
podrán imaginarse la indignación del representante de la ley
al escuchar semejante burla frente a sus narices,
sin considerar las risas que iban y venían.
Una vez hecho el silencio, el policía dirigiéndose al mudo y leyendo sus derechos
le dijo: tienes derecho a permanecer callado y buscar un buen abogado ¡ COÑO !
Esto desato una ventolera y un pandemónium de risas
que encendió una trifulca entre policías y borrachos que no se entendía;
el único que permaneció relativamente serio era el dueño del lugar,
que por su condición y habiendo perdido los auriculares de sus oídos
no entendía del todo lo que ocurría mientras aquel lugar se venía abajo.
Tal fue la impresión de ver todo lo que allí ocurrió que al pobre sordo le dio un infarto.
Recuerdo bien que en su funeral y estando presentes el enano, el mudo y yo,
el alcalde de la ciudad refiriéndose a la risa como hija de las ironías de la vida,
nos mando a guardar" un minuto de silencio" en honor al sordo que desde el cielo le escuchaba. :)



Entretenido y ameno relato, inesperado final,un abrazo.
 
jjjjjjjjjjjjj que buen relato brother, y que buenos ratos se pasa uno en las cantinas, me acordé de mis amigos, gracias por eso. Un saludo Bro.

Gracias hermanaso, que bien que te trajo recuerdos este relato, la verdad es tanto de lo que ahora nos podemos reír sin peligro, este es solo uno de esos recuerdos, no fui muy bendito cuando joven aunque si estoy bautizado jajajaja, te dejo un fuerte abraso querido amigo.
 
Última edición:
¡Qué bueno y divertido este relato Manfred! fantástico que el escenario sea una cantina y muy bien definidos los personajes, siempre he pensado que hacer reir es mas complicado que hacer un drama. Me ha parecido un humor de lo mas real cuando entra la autoridad y muy sano por la manera de enfocar las posibles deficiencias de los implicados.Me ha encantado:)todavía me estoy riendo porque logras que vea la escena.
Abrazos hasta tu espacio
 
Me han sucedido cosas realmente curiosas en la vida
y que ahora mismo recuerdo, como la de aquel día en la cantina
con dos de mis más entrañables amigos de la adolescencia;
a los que con cariño llamábamos: el enano y el mudo.
Recuerdo bien las aventuras junto a ellos, pero en especial
la de ese día en la cantina;
discutíamos de asuntos políticos en los que siempre discrepábamos
por nuestra condición de socialistas revolucionarios;
el dueño del recinto que era casi sordo, era quien mas se molestaba,
más por su condición de sordo que por política;
pues bien, la conversación ese día dio origen a un disturbio dentro del local,
al punto de sentirse hasta en las afueras,
la policía apareció como siempre pues este lugar era una verdadera gallera.
Estábamos los tres, el enano, el mudo y yo, sudados por el fragor de la pelea
y uno de los efectivos policiales se acerco a nosotros
mientras el enano hacía un movimiento de fuga;
ya iba cercano a la salida cuando el policía dirigiéndose a el le grito:

¡ oye tu ! ¡ ALTO !. Obviamente esta no era una palabra a la que el enano
estuviese habituado escuchar, por lo tanto siguió de largo hacia afuera,
mientras al mudo y a mi nos dio un ataque de risa.
El policía al vernos se sonrojo del enojo cosa que aumentó las carcajadas,
al mudo se le escapó el peo más sonoro que jamás haya oído nadie,
podrán imaginarse la indignación del representante de la ley
al escuchar semejante burla frente a sus narices,
sin considerar las risas que iban y venían.
Una vez hecho el silencio, el policía dirigiéndose al mudo y leyendo sus derechos
le dijo: tienes derecho a permanecer callado y buscar un buen abogado ¡ COÑO !
Esto desato una ventolera y un pandemónium de risas
que encendió una trifulca entre policías y borrachos que no se entendía;
el único que permaneció relativamente serio era el dueño del lugar,
que por su condición y habiendo perdido los auriculares de sus oídos
no entendía del todo lo que ocurría mientras aquel lugar se venía abajo.
Tal fue la impresión de ver todo lo que allí ocurrió que al pobre sordo le dio un infarto.
Recuerdo bien que en su funeral y estando presentes el enano, el mudo y yo,
el alcalde de la ciudad refiriéndose a la risa como hija de las ironías de la vida,
nos mando a guardar" un minuto de silencio" en honor al sordo que desde el cielo le escuchaba. :)




¡Buenísimo, mi pana! Con la chispa de nuestra tierra. Un saludo cordial.
 
Jajajajajajaja qué aventura tan desafortunada Hijo de la Luna, aunque el que llevó la peor parte fue el sordo jajaja, y mira me imagino que en el funeral no hubo ruidos alternos jajaja, un enorme placer leerte, besos.
 
Me han sucedido cosas realmente curiosas en la vida
y que ahora mismo recuerdo, como la de aquel día en la cantina
con dos de mis más entrañables amigos de la adolescencia;
a los que con cariño llamábamos: el enano y el mudo.
Recuerdo bien las aventuras junto a ellos, pero en especial
la de ese día en la cantina;
discutíamos de asuntos políticos en los que siempre discrepábamos
por nuestra condición de socialistas revolucionarios;
el dueño del recinto que era casi sordo, era quien mas se molestaba,
más por su condición de sordo que por política;
pues bien, la conversación ese día dio origen a un disturbio dentro del local,
al punto de sentirse hasta en las afueras,
la policía apareció como siempre pues este lugar era una verdadera gallera.
Estábamos los tres, el enano, el mudo y yo, sudados por el fragor de la pelea
y uno de los efectivos policiales se acerco a nosotros
mientras el enano hacía un movimiento de fuga;
ya iba cercano a la salida cuando el policía dirigiéndose a el le grito:

¡ oye tu ! ¡ ALTO !. Obviamente esta no era una palabra a la que el enano
estuviese habituado escuchar, por lo tanto siguió de largo hacia afuera,
mientras al mudo y a mi nos dio un ataque de risa.
El policía al vernos se sonrojo del enojo cosa que aumentó las carcajadas,
al mudo se le escapó el peo más sonoro que jamás haya oído nadie,
podrán imaginarse la indignación del representante de la ley
al escuchar semejante burla frente a sus narices,
sin considerar las risas que iban y venían.
Una vez hecho el silencio, el policía dirigiéndose al mudo y leyendo sus derechos
le dijo: tienes derecho a permanecer callado y buscar un buen abogado ¡ COÑO !
Esto desato una ventolera y un pandemónium de risas
que encendió una trifulca entre policías y borrachos que no se entendía;
el único que permaneció relativamente serio era el dueño del lugar,
que por su condición y habiendo perdido los auriculares de sus oídos
no entendía del todo lo que ocurría mientras aquel lugar se venía abajo.
Tal fue la impresión de ver todo lo que allí ocurrió que al pobre sordo le dio un infarto.
Recuerdo bien que en su funeral y estando presentes el enano, el mudo y yo,
el alcalde de la ciudad refiriéndose a la risa como hija de las ironías de la vida,
nos mando a guardar" un minuto de silencio" en honor al sordo que desde el cielo le escuchaba. :)




Jajaja buenísimo hermano, qué relato tan magistralmente has llevado y me has hecho pasar desde el inicio.
Quiero destacar el escenario elegido, un lugar idóneo para grandes relatos como este.
Un fuerte abrazo amigo mío y muchas gracias por permitir deleitarnos con tu inagotable talento.
Fuerte y fraternal abrazo Selenscheck.
 
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