Dedicado a Javier Alánzuri
En caballo de cartón
llegó con su voz de infante
con una espada de palo,
y su sonrisa triunfante.
Iba gritando: ¡Victoria!
con su inocencia flagrante
y llevaba en los bolsillos
los nostálgicos instantes,
en un puñado de arena
de alguna playa distante
donde nunca, nunca, estuvo
el soñador ambulante;
pero ¡cómo la añoraba!
aunque suene a disparate,
con sus castillos de arena,
el soñador ambulante,
es un pequeño Quijote
de cartón su Rocinante.
Archivos adjuntos
Última edición: