Asklepios
Incinerando envidias
Hay un silencio que al volar sobre ciertos
espacios abiertos, huele a sombra
húmeda tendida al aire.
Gusta de irse a rozar con lo indefinible
de las lejanas fronteras del horizonte,
y regresar, lo más rápido que puede,
--para que nada se le olvide- a los
espacios antes cercanos, y contar
todo lo que consiga recordar, de su reciente viaje.
Es entonces, que los pájaros aprenden
liturgias casi desconocidas; que cambian
todas las perspectivas; que se densa, por
unos instantes, el sentido más cierto
de la vida; que la luz se deja manosear
por esos relatos compartidos...
hasta que llega el ocaso, y el silencio
se viste de noche, para dejarse habitar
por la magia de la oscuridad...
que protege el suave latir de las estrellas.
espacios abiertos, huele a sombra
húmeda tendida al aire.
Gusta de irse a rozar con lo indefinible
de las lejanas fronteras del horizonte,
y regresar, lo más rápido que puede,
--para que nada se le olvide- a los
espacios antes cercanos, y contar
todo lo que consiga recordar, de su reciente viaje.
Es entonces, que los pájaros aprenden
liturgias casi desconocidas; que cambian
todas las perspectivas; que se densa, por
unos instantes, el sentido más cierto
de la vida; que la luz se deja manosear
por esos relatos compartidos...
hasta que llega el ocaso, y el silencio
se viste de noche, para dejarse habitar
por la magia de la oscuridad...
que protege el suave latir de las estrellas.