Hotarubi
Poeta recién llegado
«Y cuando el Cordero abrió el séptimo sello,
se hizo silencio en el cielo como por media hora.» (Apocalipsis 8:1).
Una herida en espiral, en mi pecho
se concentra en hacer formas,
origami hecho con lamentos
que visten la parca, de ecos
que afilan la guadaña.
Bajando estos escalones, al séptimo
círculo del averno,
siendo yo el minotauro que lo guarda,
niego la realidad,
decorando con flores sus cuernos retorcidos
pidiendo que aguarde,
que me deje un poco más.
Pétalos decapitados,
como palabras que no saben nadar,
carnaval de siempres y nuncas,
ahogados,
en este mundo de promesas ficticias
de cosas sin nombre.
De alas mojadas que no volarán.
-Y mientras (te) espero, aparecen-
El vacío en un reflejo borroso,
la cobardía ajustando su antifaz,
de la mano de la envidia,
con arena en los pulmones.
El pasado, girando los cuellos hacia atrás,
y el futuro ansioso, tirando de tus manos.
Es el duelo, la sangre de la herida,
el dolor de la espera que nunca terminó.
Entre los tonos misteriosos del cielo,
vamos danzando tras las sombras.
Soy la reina temeraria de la partida
de ajedrez entre el cruzado y la muerte,
que duda de las decisiones del destino.
Soy la que cuestiona todo y ahí,
mi amor sobrevive,
en mi propio infierno, donde soy la dueña
de la percusión de la orquesta de mis actos
que te canta esta noche,
mi amor sobrevive.
En el fin de un día,
en el comienzo de otro,
sonámbulo en mis sueños,
mi amor sobrevive.
No será hoy el día que me lleves.
se hizo silencio en el cielo como por media hora.» (Apocalipsis 8:1).
Una herida en espiral, en mi pecho
se concentra en hacer formas,
origami hecho con lamentos
que visten la parca, de ecos
que afilan la guadaña.
Bajando estos escalones, al séptimo
círculo del averno,
siendo yo el minotauro que lo guarda,
niego la realidad,
decorando con flores sus cuernos retorcidos
pidiendo que aguarde,
que me deje un poco más.
Pétalos decapitados,
como palabras que no saben nadar,
carnaval de siempres y nuncas,
ahogados,
en este mundo de promesas ficticias
de cosas sin nombre.
De alas mojadas que no volarán.
-Y mientras (te) espero, aparecen-
El vacío en un reflejo borroso,
la cobardía ajustando su antifaz,
de la mano de la envidia,
con arena en los pulmones.
El pasado, girando los cuellos hacia atrás,
y el futuro ansioso, tirando de tus manos.
Es el duelo, la sangre de la herida,
el dolor de la espera que nunca terminó.
Entre los tonos misteriosos del cielo,
vamos danzando tras las sombras.
Soy la reina temeraria de la partida
de ajedrez entre el cruzado y la muerte,
que duda de las decisiones del destino.
Soy la que cuestiona todo y ahí,
mi amor sobrevive,
en mi propio infierno, donde soy la dueña
de la percusión de la orquesta de mis actos
que te canta esta noche,
mi amor sobrevive.
En el fin de un día,
en el comienzo de otro,
sonámbulo en mis sueños,
mi amor sobrevive.
No será hoy el día que me lleves.