Ayax
Poeta que considera el portal su segunda casa
Siempre apacible está el sabio
cual sereno atardecer
pues arde en su corazón
la certeza de la fe.
Y sabe que el universo
conduce, suave, su pie
por veredas y senderos
de amor y luz, a la vez.
Simpre dichoso está el sabio
y a la calma siempre fiel:
porque sabe que las cosas
en el diaro acontecer
en su esencia llevan todas
la semilla de algún bien
cuyo fruto, para el alma,
serán sonrisas después.
En la confianza y sosiego
el sabio tiene también
su fortaleza, pues sabe,
que sólo puede el bajel
llegar al puerto anhelado
cuando la mar, a su vez,
está cual diáfano espejo
sin tormentas a granel.
El sabio sabe esperar
porque conoce la ley
que rige en el universo
hasta al más pequeño ser:
sabe que debe fluir,
aún en la turbidez,
con la corriente de vida
para evitar el vaivén.
Con comprensiva sonrisa
que denota su saber
el sabio responde siempre
a la palabra soez.
No siente rencor ni envidia:
hermanos a todos ve.
El hombre sabio es así…
¡quién pudiese ser como él!
cual sereno atardecer
pues arde en su corazón
la certeza de la fe.
Y sabe que el universo
conduce, suave, su pie
por veredas y senderos
de amor y luz, a la vez.
Simpre dichoso está el sabio
y a la calma siempre fiel:
porque sabe que las cosas
en el diaro acontecer
en su esencia llevan todas
la semilla de algún bien
cuyo fruto, para el alma,
serán sonrisas después.
En la confianza y sosiego
el sabio tiene también
su fortaleza, pues sabe,
que sólo puede el bajel
llegar al puerto anhelado
cuando la mar, a su vez,
está cual diáfano espejo
sin tormentas a granel.
El sabio sabe esperar
porque conoce la ley
que rige en el universo
hasta al más pequeño ser:
sabe que debe fluir,
aún en la turbidez,
con la corriente de vida
para evitar el vaivén.
Con comprensiva sonrisa
que denota su saber
el sabio responde siempre
a la palabra soez.
No siente rencor ni envidia:
hermanos a todos ve.
El hombre sabio es así…
¡quién pudiese ser como él!
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