• MundoPoesía se ha renovado! Nuevo diseño y nuevas funciones. Ver cambios

El río

Marla

Poeta fiel al portal

  • -Sé mi atalaya cuando me golpee la hora décima,

    apacigua a las bestias de mi ojo con guantes de piedad

    -¿No sabes?, han anidado cíclopes sobre el bosque del tiempo

    y su ojo es tu sombra, y es de piedra su llanto.

    -Ven, prometo abrir las vísceras del cielo, beberlo despacio,

    aunque estén podridos sus peces dorados.

    -Cuántas mariposas se prostituyeron en cada latido del sol iniciático

    cuántas no sangraron o se hicieron lágrima.
El río nos llama con voz amarilla, sabe un mucho a infancia, un poco a destino;
sabe un poco a grito; a silencio, un siglo.
Mira, esta es la vena que lleva a la arteria que lleva hasta el alma un cirio encendido.
Ella es la vereda que conduce al río.
Vamos a cruzarlo descalzos de orgullo, la garganta al viento
y un kilo de olvido sellando los labios.








 

  • -Sé mi atalaya cuando me golpee la hora décima,

    apacigua a las bestias de mi ojo con guantes de piedad

    -¿No sabes?, han anidado cíclopes sobre el bosque del tiempo

    y su ojo es tu sombra, y es de piedra su llanto.

    -Ven, prometo abrir las vísceras del cielo, beberlo despacio,

    aunque estén podridos sus peces dorados.

    -Cuántas mariposas se prostituyeron en cada latido del sol iniciático

    cuántas no sangraron o se hicieron lágrima.
El río nos llama con voz amarilla, sabe un mucho a infancia, un poco a destino;
sabe un poco a grito; a silencio, un siglo.
Mira, esta es la vena que lleva a la arteria que lleva hasta el alma un cirio encendido.
Ella es la vereda que conduce al río.
Vamos a cruzarlo descalzos de orgullo, la garganta al viento
y un kilo de olvido sellando los labios.





Es hermoso tu poema, con ese río que alimenta la memoria y espera paciente el destino.

Felicitaciones,

Un abrazo.
 
Última edición:

  • -Sé mi atalaya cuando me golpee la hora décima,

    apacigua a las bestias de mi ojo con guantes de piedad

    -¿No sabes?, han anidado cíclopes sobre el bosque del tiempo

    y su ojo es tu sombra, y es de piedra su llanto.

    -Ven, prometo abrir las vísceras del cielo, beberlo despacio,

    aunque estén podridos sus peces dorados.

    -Cuántas mariposas se prostituyeron en cada latido del sol iniciático

    cuántas no sangraron o se hicieron lágrima.
El río nos llama con voz amarilla, sabe un mucho a infancia, un poco a destino;
sabe un poco a grito; a silencio, un siglo.
Mira, esta es la vena que lleva a la arteria que lleva hasta el alma un cirio encendido.
Ella es la vereda que conduce al río.
Vamos a cruzarlo descalzos de orgullo, la garganta al viento
y un kilo de olvido sellando los labios.







Bella melodia entre aguas sostenidas para que la vertiente sea esa desnudez asumida.
felicidades. poema intenso y lleno de pendientes sublimes. luzyabsenta
 
Ayuda Usuarios

You haven't joined any salas.

You haven't joined any salas.
Atrás
Arriba