Miguel Font
Poeta que considera el portal su segunda casa
A horcajadas de su mente
el caballero partió,
al rescate de su amada
cautiva detrás del yo.
Se internó en oscuros valles,
con gran determinación,
armado de raciocinio
y profunda reflexión.
A veces creyó encontrarla
engarzada a seducción
en la ladera de un monte
o al fondo de un socavón,
en portentosas visiones
de aguda fascinación
y en cósmicas experiencias,
pero siempre se esfumó.
Fue así que le fue ganando
una gran desolación,
lágrimas de desconsuelo
hicieron su aparición.
Con noche oscura en el alma
del pensamiento se apeó
y llorando amargamente
extenuado se rindió.
Y fue su sincera entrega
lo que a la gracia lo abrió
y el milagro del encuentro
de repente sucedió.
Una bruma de silencio
plena de dicha y amor,
vacío, todo llenura,
sutilmente lo arropó.
Transfigurada su pena
en afable sensación,
con profundo darse cuenta,
entonces él realizó
que nunca la había perdido,
que jamás lo abandonó,
siendo el substrato de todo,
nunca hubo separación.
La que carece de forma,
de apariencia y de color,
la intocada por la muerte
y que tampoco nació.
Paradójico misterio,
fuera su único error
el buscarla con la mente
y no con el corazón…
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