prisionero inocente
Poeta que considera el portal su segunda casa
Ha empezado a doler la sien de las lámparas
siempre oblicua
tirando hacia su cadáver
la hora en que uno contempla
la pesadilla del espejo.
A las 6 de la mañana seis faunos desenredan
seis nudos en la garganta,
liberan el ritual de morirse frente a la playa
como espléndido payaso
por la espléndida razón que la ciudad
se descostilla del infante
dividido en tantas almas de harina y papeles de pan.
A las Seis y un cuervo de la mañana
el desconcierto madura como racimos del cuervo.
A las Seis y dos gorriones que estiran la vena de lo imposible
como dos garras de vicio
como el cántaro donde se halla el quiebre de paz.
A las Seis hay un legítimo fulgor de morirse
coronado por leña, entre sus lenguas,
como un pensamiento renegado por el fuego.
Morirse, pero bien, ser un alemán de la muerte
a mi derecha aullen ocasos
brillen pendientes de condesa.
Morirse en esplendor de grúas chupando el seno del éter.
... Y yo que ando con un vientre de cierva en la memoria
qué puedo esperar sino el colapso
total de la palabra
como un monasterio del polvo
siempre oblicua
tirando hacia su cadáver
la hora en que uno contempla
la pesadilla del espejo.
A las 6 de la mañana seis faunos desenredan
seis nudos en la garganta,
liberan el ritual de morirse frente a la playa
como espléndido payaso
por la espléndida razón que la ciudad
se descostilla del infante
dividido en tantas almas de harina y papeles de pan.
A las Seis y un cuervo de la mañana
el desconcierto madura como racimos del cuervo.
A las Seis y dos gorriones que estiran la vena de lo imposible
como dos garras de vicio
como el cántaro donde se halla el quiebre de paz.
A las Seis hay un legítimo fulgor de morirse
coronado por leña, entre sus lenguas,
como un pensamiento renegado por el fuego.
Morirse, pero bien, ser un alemán de la muerte
a mi derecha aullen ocasos
brillen pendientes de condesa.
Morirse en esplendor de grúas chupando el seno del éter.
... Y yo que ando con un vientre de cierva en la memoria
qué puedo esperar sino el colapso
total de la palabra
como un monasterio del polvo