Luciana Rubio
Poeta veterano en el portal
Nos fuimos con las niñas a Mérida de sabático.
Cuatro sueldos; maravilla.
Rentamos casa con piscina.
Él se sentía tan solvente que quiso
construir casa, original, no de conjunto habitacional, como su papá.
Inició la obra, el proyecto era:
Casa con arcos, blanca y piso de loza roja, techo de tejas; hermosura.
Se acabó el sabático e inició la devaluación de 1982 en México.
El precio del saco de cemento se duplicaba cada día.
Cuando estuvieron listos la estancia, el comedor, la cocina
y un baño, decidió que nos fuéramos a vivir a la casa en construcción
para no pagar renta.
Hacía tanto calor en Mérida que el dinero se evaporaba.
Decidió ir a México para pedirle dinero a su papá.
Se llevó el carro.
En la casa nueva no había teléfono, ni vecinos; colonia nueva.
Dos albañiles y el viejo velador se quedaban a dormir en la obra.
Pensé, al menos no estoy sola.
En la noche, ya se habían dormido las niñas, todo silencio.
Entonces los escuché.
-Vamos a violarla.
-¿Estás loco?
-No, la neta, se me antoja, está buena.
-Bueno, pero yo primero.
Nel, yo, tú la detienes, y luego vas tú.
- Pues ya vas.
Escuché que se incorporaron, golpearon el piso con los zapatos.
Empecé a temblar y a llorar, pero no sabía qué hacer.
No quería alarmar a las niñas.
Entonces el viejo habló, parecía que tenía algún ascendiente sobre de ellos.
-Pérense, mañana tenemos que volver aquí a trabajar.
- ¡Ya, cómo tú no puedes!.
- No puedo, pero tampoco quiero perder el trabajo por una estupidez, serénense.
- ¡Aguafiestas!.
Se volvieron a sentar.
Yo suspiré, pero no pude dormir en toda la noche, siempre alerta.
Al día siguiente llegó él.
Mandé a las niñas al jardín y le conté toda mi angustia con lágrimas en los ojos.
Él me escuchó y al final me dijo:
-¡Estás loca!
Y siguió con el asunto de la construcción; estaba obsesionado.
Yo no hacía más que pensar en el poema de Benedetti:
“Y porque amor no es aureola
ni cándida moraleja
y porque somos pareja
que sabe que no está sola”
Ese fue el principio del fin.
Yo nunca vi la casa terminada.
Me fui de Mérida.
Cuatro sueldos; maravilla.
Rentamos casa con piscina.
Él se sentía tan solvente que quiso
construir casa, original, no de conjunto habitacional, como su papá.
Inició la obra, el proyecto era:
Casa con arcos, blanca y piso de loza roja, techo de tejas; hermosura.
Se acabó el sabático e inició la devaluación de 1982 en México.
El precio del saco de cemento se duplicaba cada día.
Cuando estuvieron listos la estancia, el comedor, la cocina
y un baño, decidió que nos fuéramos a vivir a la casa en construcción
para no pagar renta.
Hacía tanto calor en Mérida que el dinero se evaporaba.
Decidió ir a México para pedirle dinero a su papá.
Se llevó el carro.
En la casa nueva no había teléfono, ni vecinos; colonia nueva.
Dos albañiles y el viejo velador se quedaban a dormir en la obra.
Pensé, al menos no estoy sola.
En la noche, ya se habían dormido las niñas, todo silencio.
Entonces los escuché.
-Vamos a violarla.
-¿Estás loco?
-No, la neta, se me antoja, está buena.
-Bueno, pero yo primero.
Nel, yo, tú la detienes, y luego vas tú.
- Pues ya vas.
Escuché que se incorporaron, golpearon el piso con los zapatos.
Empecé a temblar y a llorar, pero no sabía qué hacer.
No quería alarmar a las niñas.
Entonces el viejo habló, parecía que tenía algún ascendiente sobre de ellos.
-Pérense, mañana tenemos que volver aquí a trabajar.
- ¡Ya, cómo tú no puedes!.
- No puedo, pero tampoco quiero perder el trabajo por una estupidez, serénense.
- ¡Aguafiestas!.
Se volvieron a sentar.
Yo suspiré, pero no pude dormir en toda la noche, siempre alerta.
Al día siguiente llegó él.
Mandé a las niñas al jardín y le conté toda mi angustia con lágrimas en los ojos.
Él me escuchó y al final me dijo:
-¡Estás loca!
Y siguió con el asunto de la construcción; estaba obsesionado.
Yo no hacía más que pensar en el poema de Benedetti:
“Y porque amor no es aureola
ni cándida moraleja
y porque somos pareja
que sabe que no está sola”
Ese fue el principio del fin.
Yo nunca vi la casa terminada.
Me fui de Mérida.