Hannah Alarcón G.
Poeta asiduo al portal
Tres meses antes de casarme las cosas se salieron de control. Un accidente de automóvil mando al futuro novio al hospital por un mes, más otro de recuperación en su casa y la correspondiente costosa factura del hospital. Así que en lugar de una gran y hermosa boda con todas las amistades, decidimos hacer una pequeña fiesta para la familia, no llegamos a treinta personas.
La luna de miel corrió por mi cuenta y fueron unos tranquilos días en el romántico Guanajuato, iniciamos sin nada, sin casa, muebles, cama, etc. Bueno sin nada es algo drástico, suficiente dinero para los gastos de un mes, ropa, dos cajas de libros (mías claro, hasta entonces lo más valioso que tenia) y dos empleos.
Mucho trabajo, pero un matrimonio estable y feliz. Compañeros, socios, amantes, cómplices, amigos, novios, siempre juntos; diferentes en épocas pero encajando bien como engranes.
Así que cuando seis años después llegó una mañana un tanto extraño, presentí que algo pasaba.
- Oye, fíjate que en la iglesia de mis hermanas hay una persona que necesita un trabajo, tal vez de medio tiempo y pensé que te puede ayudar en la oficina.
-Ellas te lo pidieron? Quien es?
- Juliette, no la conoces es una vieja amiga. Podrías tener mas tiempo libre para ti y los niños.
- No necesito ayuda y recuerda que estamos ahorrando para comprar la maquina y no tener que rentarla cuando la ocupemos.
Juliette, Juliette... mi cerebro daba vueltas al nombre por alguna razón que no captaba todavía.
- Solo era una idea. Pero no la descartes. Además necesita ocuparse tiene una hija que estudia y un nieto chiquito.
Y de pronto mi cerebro despertó.
- Juliette, Juliette... ¿Julieta?
-¿Cómo?
-Si. Aquella ex novia con la que te casaría como a los 20, hasta que te encontró con otra y por despecho se caso unos meses después. Y por cierto tu también lo hiciste después de ella. Así me contaste tu la historia.
Vivíamos en un pueblo con una comunidad latina pequeña, así que los rumores, o chismes, de quien se marchaba y quien llegaban, se sabían rápido y hace tiempo había escuchado de su llegada, pero no le di importancia.
- Bueno si, pero eso fue hace mucho.
- Y ¿quieres traerla a trabajar a la compañía?
- ¿Después de siete años, apenas te salió lo celosa? Me sorprendes. (Risa nerviosa)
- No son celos, es sentido común. Deja hacer memoria. Después que te divorciarte, ella también, lo hizo, no se cuanto tiempo después pero lo hizo. Y volvieron a intentarlo, ¿cuanto estuvieron juntos, cuatro años?
- Solo tres o dos, fue hace tanto, no lo recuerdo.
- Bueno, de que hay una historia, hay una historia. Tu siempre has dicho que "para atrás, ni para agarrar vuelo", ¿que pasa ahora?
-Estas sacando todo de contexto. Solo era una idea, si tu no te sientes a gusto con eso, pues no y ya.
Un tono de molestia o el hecho que le haya descubierto se reflejaba en su voz.
- Bueno el asunto es que no necesito ayuda, estamos ahorrando para un proyecto en especifico, y celos o no, no quiero trabajar con tu ex.
Después de un suspiro.
-Hay chaparrita no te enojes, solo quería ayudar a una vieja amiga.
El abrazo y el beso en la frente me abrían hecho sentir mejor, pero eso de "vieja amiga", no correspondían al hombre que decía yo conocer.
- Corazón, si tienes algo que decirme dímelo, si no estas a gusto o feliz o algo esta fallando dímelo a hora.
- No seas paranoica. Soy el hombre mas feliz del mundo, te amo.
El cálido beso de esa tarde y las siguientes muestras de cariño y atención de los siguientes días, no lograron callar la inquietud que ya trastabillaba mi mente. Pero mi deseo de que todo fuera bien era mayor, intentaba dar el asunto por terminado.
Hasta que unas semanas después, un lunes por la mañana llegó acompañado de una mujer, alrededor de cuarenta y tantos. No hablaré de su manera de vestir y hablar, pues eso es cuestión de gustos.
- Ellas es Juliette, va a ayudar en la oficina.
Quería agarrar la engrapadora y lanzársela a la cabeza.
-Pues si ya lo decidiste.
No tenía la más mínima intención de disimular mi enojo, mis brazos cruzados me impidieron responder al saludo de mano que ella me ofreció.
Estaba tan enojada, no tanto por la presencia de ella, era más por el desafío de él. Pero no quería hacer una escena, la cuadrilla todavía no partía , había mucha gente.
Para enardecer mis sentimientos, observo como la lleva enseñándole, "todo lo que he logrado en estos años", "al inicio solo tenía un empleado" (y claro ese empleado era yo).
Así que escucharlo pavonearse como si lo hubiera hecho solo, me hizo enojar aun más. Cuando por fin estuvimos solos se lo pude dejar claro.
- ¿Que pretendes? Muy claro te dije que no la quería trabajando aquí.
- Es solo por unos meses. Necesita el trabajo.
- Si quieres ayudarla puedes mandarla con alguien mas como lo has hecho antes. Pero no. La quieres tener aquí.
- ¿Por que me atacas? ¿ Por qué insistes en pelear conmigo?
- ¿Yo quiero pelear contigo?
Mi cabeza quiere explotar, pero esta conversación se sale del tema, así que me obligó a respirar y pensar por dos segundos.
- Te lo voy a dejar claro. No la quiero aquí. Pero no puedo obligarte a nada, se supone que eres un hombre maduro y responsable. Así que has lo que quieras. Pero te voy a recordar lo que te dije antes de casarnos: "Yo no voy a tolerar un engaño. Estoy contigo por que quiero estar contigo, no por que te necesite". Así que piensa bien lo que haces por que conmigo no hay marcha atrás. Yo no tengo miedo de estar sola. Antes de ti, yo ya era. Y después de ti seguiré siendo. Así que cuida bien tus pasos por que tienes mucho que perder.
- ¡Tú no puedes quitarme a mis hijos!
- ¿Quién está hablando de ellos? No importa lo que pase, ellos seguirán siendo tus hijos y tu el papá.
Era cierto, teníamos hijos, pero no estaba pensando en ellos, no habían pasado por mi mente. Este era un problema entre él y yo.
- Lo valioso que tienes que perder es a mí. Yo soy eso que tienes que cuidar. Tu crees que ella no supo de tu accidente. Se cambió de condado, no del estado. ¿Alguna vez fue a verte? Yo fui la que casi pierde el empleo por cuidarte. Ni siquiera tus hermanas te cuidaron tanto como yo. ¿Acaso estuvo ahí cuando no tenias nada que ofrecer? ¿Y en unos años, estará? Ahora soy tu mujer y te amo. En, ¿cuántos años? Cinco, diez, quince, voy a hacer tu enfermera. Y no me importa, ya lo sabía desde antes de casarnos. Quiero pasar el resto de los años que nos queden, juntos. Nos veo a los dos tomando el sol en el jardín, de la mano, escuchando esas historias que ya me has contado cien veces. Estoy lista para escucharlas mil veces más, en sus diferentes versiones. Quiero pasar el resto de mi vida contigo. Si eso significa jalar una silla de ruedas y cargar un tanque de oxígeno, eso es lo que quiero hacer, mientras tú estés conmigo. Dime ¿ella lo hará? O más importante aún, ¿ella quiere hacerlo? ¿quieres arriesgar el matrimonio que ya construimos en estos años por algo que ya falló dos veces?
- Eres injusta, me estas tratando como a un criminal y yo no he hecho nada. Yo solo trato de ayudar y tu estas trastornando tu mente de tanto pensar tonterías.
- Para ti son tonterías, pero eso es lo que siento. Así que con todo el amor y el respeto que tengo por ti te digo: estas advertido. Lo que pase de ahora en adelante lo vas a decidir tu. Solo me queda confiar en que tomes buenas decisiones.
Salí inmediatamente de ahí. Esas cuatro paredes empezaron a hacerse más pequeñas con cada palabra y estaba a punto de ahogarme.
Conduje a casa en automático. Pensaba en lo felices que éramos y me preguntaba por que quería acabar con eso. También pensé en las personas que él había ayudado a lo largo de los años. En verdad era alguien a quien admirar, siempre listo para ayudar a quien fuera. Sobre todo a los paisanos y los indocumentados. Algo que amaba de mi esposo era su buen corazón.
También recordé las veces, aunque el no se había dado cuenta, haberlo visto rechazar las insinuaciones de alguna vieja resbalosa.
Así que, había siete años de lealtad respaldando las acciones de ese hombre maravilloso, generoso, desprendido, leal, fiel, cariñoso.
En esos años nunca había dado motivos para dudar de el. Así que empecé a dudar de mí. Tal vez era yo la que estaba exagerando. Por lo menos merecía el beneficio de la duda.
Los siguientes dos meses fueron tensos, cordiales y educados tratábamos de discutir lo menos. Prácticamente deje de ir a la oficina y parecía que todo agarraba de nuevo un buen ritmo.
Cuando una tarde, en casa, a la hora de la comida los niños estaban dormidos y el estaba intranquilo, ausente.
- Ya esta, ahora te sirvo.
Se sentó a la mesa en silencio, pero alterado, preocupado. Dió unos sorbos a la sopa, como en automático.
- ¿Que pasa?
Como si con mis palabras hubiera encendido pólvora escupió la sopa de su boca y empezó a gritar que estaba caliente y salada.
Mi primera reacción fue asustarme, le había quemado su "boquita al señor". Pero mientras seguía gritando y quejándose, me puse a pensar, si ya estaba comiendo, ¿cómo es que a la quinta cucharada apenas se quemó? Y me empecé a enojar. Azote la mano en la mesa.
- Primero cállate. Aquí no vas a venir gritar. ¿Apenas te diste cuenta que la sopa está salada después de siete años? Tu, lo que quieres es pelear. Ahorremos la escena. Fájate los pantalones y dime que es lo que quieres.
- Está situación es insoportable, ya no lo aguanto.
- ¿Cuál situación? La única vez que hemos discutido fuerte fue cuando decidiste contratar a Julia y lograste lo que querías, ya no te he dicho nada. Así que dime ¿cuál situación?
Cuando sus ojos se abrieron más al decir el nombre de Julia y su postura cambio, me di cuenta que es lo que pasaba.
- ¿Ya me pusiste los cuernos con esa vieja?
- Claro que no, yo no haría eso.
- ¿Pero quieres hacerlo?
El silencio que vino después de esa pregunta fue, como haberme sumergido al agua helada, mil cuchilladas a la misma vez. Un vacío y una oscuridad invadió mi cuerpo y mente. Ese silencio me contó todo lo que no quería escuchar. Me daba detalles de lo que a mis espaldas, o ante mis propios ojos, estaba pasando.
Entonces, ahora yo explote. Que es exactamente lo que dije, no lo sé, pero recuerdo como me sentía. Puedo decir, por que me conozco, que dije lo que estaba pensando, sin filtros ni cuidados. Grité, manoteé, vociferé, me perdí en todos los sentimientos que se desbordaron en ese momento.
No sé como llegamos a la sala. No sé cuanto tiempo estuvimos discutiendo. No tengo claro exactamente lo que nos dijimos.
Pero en algún momento me di la vuelta y me miré en el gran espejo de la sala y no me reconocí. Esa mujer que veía gritando con la cara desfigurada de rabia, exaltada, llorando de impotencia, no era yo.
Y lo vi a él, en el marco de la puerta, más cerca de la salida que de la reconciliación. Y recordé lo que alguna vez escuche decir a mi abuela: el perro vuelve a su vómito.
Hace años había vomitado su relación con esa mujer y volvió a comérsela. La había vuelto a vomitar y ahora, estaba comiéndosela de nuevo.
Ese hombre quería salir corriendo a revolcarse con su vómito. Podía percibir su hedor inundando la sala. Podía ver esa asquerosidad corriendo por sus labios y sus manos manchadas de inmundicia. Solo de verlo me llenaba de asco y repulsión. No podía tolerarlo más en mi casa. Era una batalla que no valía la pena pelear.
- Lárgate. Solo lárgate.
Y muy obedientemente se fue.
No puedes detener a quien ya se ha ido. No puedes detener a quien ya se ha lanzado al vacío.
La luna de miel corrió por mi cuenta y fueron unos tranquilos días en el romántico Guanajuato, iniciamos sin nada, sin casa, muebles, cama, etc. Bueno sin nada es algo drástico, suficiente dinero para los gastos de un mes, ropa, dos cajas de libros (mías claro, hasta entonces lo más valioso que tenia) y dos empleos.
Mucho trabajo, pero un matrimonio estable y feliz. Compañeros, socios, amantes, cómplices, amigos, novios, siempre juntos; diferentes en épocas pero encajando bien como engranes.
Así que cuando seis años después llegó una mañana un tanto extraño, presentí que algo pasaba.
- Oye, fíjate que en la iglesia de mis hermanas hay una persona que necesita un trabajo, tal vez de medio tiempo y pensé que te puede ayudar en la oficina.
-Ellas te lo pidieron? Quien es?
- Juliette, no la conoces es una vieja amiga. Podrías tener mas tiempo libre para ti y los niños.
- No necesito ayuda y recuerda que estamos ahorrando para comprar la maquina y no tener que rentarla cuando la ocupemos.
Juliette, Juliette... mi cerebro daba vueltas al nombre por alguna razón que no captaba todavía.
- Solo era una idea. Pero no la descartes. Además necesita ocuparse tiene una hija que estudia y un nieto chiquito.
Y de pronto mi cerebro despertó.
- Juliette, Juliette... ¿Julieta?
-¿Cómo?
-Si. Aquella ex novia con la que te casaría como a los 20, hasta que te encontró con otra y por despecho se caso unos meses después. Y por cierto tu también lo hiciste después de ella. Así me contaste tu la historia.
Vivíamos en un pueblo con una comunidad latina pequeña, así que los rumores, o chismes, de quien se marchaba y quien llegaban, se sabían rápido y hace tiempo había escuchado de su llegada, pero no le di importancia.
- Bueno si, pero eso fue hace mucho.
- Y ¿quieres traerla a trabajar a la compañía?
- ¿Después de siete años, apenas te salió lo celosa? Me sorprendes. (Risa nerviosa)
- No son celos, es sentido común. Deja hacer memoria. Después que te divorciarte, ella también, lo hizo, no se cuanto tiempo después pero lo hizo. Y volvieron a intentarlo, ¿cuanto estuvieron juntos, cuatro años?
- Solo tres o dos, fue hace tanto, no lo recuerdo.
- Bueno, de que hay una historia, hay una historia. Tu siempre has dicho que "para atrás, ni para agarrar vuelo", ¿que pasa ahora?
-Estas sacando todo de contexto. Solo era una idea, si tu no te sientes a gusto con eso, pues no y ya.
Un tono de molestia o el hecho que le haya descubierto se reflejaba en su voz.
- Bueno el asunto es que no necesito ayuda, estamos ahorrando para un proyecto en especifico, y celos o no, no quiero trabajar con tu ex.
Después de un suspiro.
-Hay chaparrita no te enojes, solo quería ayudar a una vieja amiga.
El abrazo y el beso en la frente me abrían hecho sentir mejor, pero eso de "vieja amiga", no correspondían al hombre que decía yo conocer.
- Corazón, si tienes algo que decirme dímelo, si no estas a gusto o feliz o algo esta fallando dímelo a hora.
- No seas paranoica. Soy el hombre mas feliz del mundo, te amo.
El cálido beso de esa tarde y las siguientes muestras de cariño y atención de los siguientes días, no lograron callar la inquietud que ya trastabillaba mi mente. Pero mi deseo de que todo fuera bien era mayor, intentaba dar el asunto por terminado.
Hasta que unas semanas después, un lunes por la mañana llegó acompañado de una mujer, alrededor de cuarenta y tantos. No hablaré de su manera de vestir y hablar, pues eso es cuestión de gustos.
- Ellas es Juliette, va a ayudar en la oficina.
Quería agarrar la engrapadora y lanzársela a la cabeza.
-Pues si ya lo decidiste.
No tenía la más mínima intención de disimular mi enojo, mis brazos cruzados me impidieron responder al saludo de mano que ella me ofreció.
Estaba tan enojada, no tanto por la presencia de ella, era más por el desafío de él. Pero no quería hacer una escena, la cuadrilla todavía no partía , había mucha gente.
Para enardecer mis sentimientos, observo como la lleva enseñándole, "todo lo que he logrado en estos años", "al inicio solo tenía un empleado" (y claro ese empleado era yo).
Así que escucharlo pavonearse como si lo hubiera hecho solo, me hizo enojar aun más. Cuando por fin estuvimos solos se lo pude dejar claro.
- ¿Que pretendes? Muy claro te dije que no la quería trabajando aquí.
- Es solo por unos meses. Necesita el trabajo.
- Si quieres ayudarla puedes mandarla con alguien mas como lo has hecho antes. Pero no. La quieres tener aquí.
- ¿Por que me atacas? ¿ Por qué insistes en pelear conmigo?
- ¿Yo quiero pelear contigo?
Mi cabeza quiere explotar, pero esta conversación se sale del tema, así que me obligó a respirar y pensar por dos segundos.
- Te lo voy a dejar claro. No la quiero aquí. Pero no puedo obligarte a nada, se supone que eres un hombre maduro y responsable. Así que has lo que quieras. Pero te voy a recordar lo que te dije antes de casarnos: "Yo no voy a tolerar un engaño. Estoy contigo por que quiero estar contigo, no por que te necesite". Así que piensa bien lo que haces por que conmigo no hay marcha atrás. Yo no tengo miedo de estar sola. Antes de ti, yo ya era. Y después de ti seguiré siendo. Así que cuida bien tus pasos por que tienes mucho que perder.
- ¡Tú no puedes quitarme a mis hijos!
- ¿Quién está hablando de ellos? No importa lo que pase, ellos seguirán siendo tus hijos y tu el papá.
Era cierto, teníamos hijos, pero no estaba pensando en ellos, no habían pasado por mi mente. Este era un problema entre él y yo.
- Lo valioso que tienes que perder es a mí. Yo soy eso que tienes que cuidar. Tu crees que ella no supo de tu accidente. Se cambió de condado, no del estado. ¿Alguna vez fue a verte? Yo fui la que casi pierde el empleo por cuidarte. Ni siquiera tus hermanas te cuidaron tanto como yo. ¿Acaso estuvo ahí cuando no tenias nada que ofrecer? ¿Y en unos años, estará? Ahora soy tu mujer y te amo. En, ¿cuántos años? Cinco, diez, quince, voy a hacer tu enfermera. Y no me importa, ya lo sabía desde antes de casarnos. Quiero pasar el resto de los años que nos queden, juntos. Nos veo a los dos tomando el sol en el jardín, de la mano, escuchando esas historias que ya me has contado cien veces. Estoy lista para escucharlas mil veces más, en sus diferentes versiones. Quiero pasar el resto de mi vida contigo. Si eso significa jalar una silla de ruedas y cargar un tanque de oxígeno, eso es lo que quiero hacer, mientras tú estés conmigo. Dime ¿ella lo hará? O más importante aún, ¿ella quiere hacerlo? ¿quieres arriesgar el matrimonio que ya construimos en estos años por algo que ya falló dos veces?
- Eres injusta, me estas tratando como a un criminal y yo no he hecho nada. Yo solo trato de ayudar y tu estas trastornando tu mente de tanto pensar tonterías.
- Para ti son tonterías, pero eso es lo que siento. Así que con todo el amor y el respeto que tengo por ti te digo: estas advertido. Lo que pase de ahora en adelante lo vas a decidir tu. Solo me queda confiar en que tomes buenas decisiones.
Salí inmediatamente de ahí. Esas cuatro paredes empezaron a hacerse más pequeñas con cada palabra y estaba a punto de ahogarme.
Conduje a casa en automático. Pensaba en lo felices que éramos y me preguntaba por que quería acabar con eso. También pensé en las personas que él había ayudado a lo largo de los años. En verdad era alguien a quien admirar, siempre listo para ayudar a quien fuera. Sobre todo a los paisanos y los indocumentados. Algo que amaba de mi esposo era su buen corazón.
También recordé las veces, aunque el no se había dado cuenta, haberlo visto rechazar las insinuaciones de alguna vieja resbalosa.
Así que, había siete años de lealtad respaldando las acciones de ese hombre maravilloso, generoso, desprendido, leal, fiel, cariñoso.
En esos años nunca había dado motivos para dudar de el. Así que empecé a dudar de mí. Tal vez era yo la que estaba exagerando. Por lo menos merecía el beneficio de la duda.
Los siguientes dos meses fueron tensos, cordiales y educados tratábamos de discutir lo menos. Prácticamente deje de ir a la oficina y parecía que todo agarraba de nuevo un buen ritmo.
Cuando una tarde, en casa, a la hora de la comida los niños estaban dormidos y el estaba intranquilo, ausente.
- Ya esta, ahora te sirvo.
Se sentó a la mesa en silencio, pero alterado, preocupado. Dió unos sorbos a la sopa, como en automático.
- ¿Que pasa?
Como si con mis palabras hubiera encendido pólvora escupió la sopa de su boca y empezó a gritar que estaba caliente y salada.
Mi primera reacción fue asustarme, le había quemado su "boquita al señor". Pero mientras seguía gritando y quejándose, me puse a pensar, si ya estaba comiendo, ¿cómo es que a la quinta cucharada apenas se quemó? Y me empecé a enojar. Azote la mano en la mesa.
- Primero cállate. Aquí no vas a venir gritar. ¿Apenas te diste cuenta que la sopa está salada después de siete años? Tu, lo que quieres es pelear. Ahorremos la escena. Fájate los pantalones y dime que es lo que quieres.
- Está situación es insoportable, ya no lo aguanto.
- ¿Cuál situación? La única vez que hemos discutido fuerte fue cuando decidiste contratar a Julia y lograste lo que querías, ya no te he dicho nada. Así que dime ¿cuál situación?
Cuando sus ojos se abrieron más al decir el nombre de Julia y su postura cambio, me di cuenta que es lo que pasaba.
- ¿Ya me pusiste los cuernos con esa vieja?
- Claro que no, yo no haría eso.
- ¿Pero quieres hacerlo?
El silencio que vino después de esa pregunta fue, como haberme sumergido al agua helada, mil cuchilladas a la misma vez. Un vacío y una oscuridad invadió mi cuerpo y mente. Ese silencio me contó todo lo que no quería escuchar. Me daba detalles de lo que a mis espaldas, o ante mis propios ojos, estaba pasando.
Entonces, ahora yo explote. Que es exactamente lo que dije, no lo sé, pero recuerdo como me sentía. Puedo decir, por que me conozco, que dije lo que estaba pensando, sin filtros ni cuidados. Grité, manoteé, vociferé, me perdí en todos los sentimientos que se desbordaron en ese momento.
No sé como llegamos a la sala. No sé cuanto tiempo estuvimos discutiendo. No tengo claro exactamente lo que nos dijimos.
Pero en algún momento me di la vuelta y me miré en el gran espejo de la sala y no me reconocí. Esa mujer que veía gritando con la cara desfigurada de rabia, exaltada, llorando de impotencia, no era yo.
Y lo vi a él, en el marco de la puerta, más cerca de la salida que de la reconciliación. Y recordé lo que alguna vez escuche decir a mi abuela: el perro vuelve a su vómito.
Hace años había vomitado su relación con esa mujer y volvió a comérsela. La había vuelto a vomitar y ahora, estaba comiéndosela de nuevo.
Ese hombre quería salir corriendo a revolcarse con su vómito. Podía percibir su hedor inundando la sala. Podía ver esa asquerosidad corriendo por sus labios y sus manos manchadas de inmundicia. Solo de verlo me llenaba de asco y repulsión. No podía tolerarlo más en mi casa. Era una batalla que no valía la pena pelear.
- Lárgate. Solo lárgate.
Y muy obedientemente se fue.
No puedes detener a quien ya se ha ido. No puedes detener a quien ya se ha lanzado al vacío.
Última edición: