alicia Pérez Hernández
Poeta que no puede vivir sin el portal
EL PATITO SEVERIANO
El patito Severiano,
su casa abandono,
se fue a buscar fortuna
para regresar a casarse
Con una patita elegante
Con su morral en el pecho,
donde llevaba la foto
de su amada patita,
se fue en un remolque
y llegando a la ciudad
¡que lo atropella... un coche!
Y estando en el hospital
pregunto por su morral.
Nadie le pudo dar razón
donde quedaría la foto
de su amada patita.
Le dolió el corazón
pero no por un paro cardiaco
sino por haber perdido la foto.
Otro día lo dieron de alta,
fue a donde lo habían atropellado,
allí encontró el morral
y adentro estaba la foto.
Patita de mis amores por ti vine a trabajar
para casarnos pronto.
A los cuantos meses Severiano, regresó
y con la patita Fulgencia, se casó.
Doña pata y don pato fueron muy felices
pues tuvieron ocho patitos
y don Severiano les dijo:
A la ciudad nunca vayan,
porque allí los atropella… el coche,
mejor quédense en el lago, comiendo lombrices.
Y don Severiano y Fulgencia ya nunca se separarón
y todos… fueron muy… felices.
Alicia Pérez Hernández
La risa… de un niño… es una caricia
El patito Severiano,
su casa abandono,
se fue a buscar fortuna
para regresar a casarse
Con una patita elegante
Con su morral en el pecho,
donde llevaba la foto
de su amada patita,
se fue en un remolque
y llegando a la ciudad
¡que lo atropella... un coche!
Y estando en el hospital
pregunto por su morral.
Nadie le pudo dar razón
donde quedaría la foto
de su amada patita.
Le dolió el corazón
pero no por un paro cardiaco
sino por haber perdido la foto.
Otro día lo dieron de alta,
fue a donde lo habían atropellado,
allí encontró el morral
y adentro estaba la foto.
Patita de mis amores por ti vine a trabajar
para casarnos pronto.
A los cuantos meses Severiano, regresó
y con la patita Fulgencia, se casó.
Doña pata y don pato fueron muy felices
pues tuvieron ocho patitos
y don Severiano les dijo:
A la ciudad nunca vayan,
porque allí los atropella… el coche,
mejor quédense en el lago, comiendo lombrices.
Y don Severiano y Fulgencia ya nunca se separarón
y todos… fueron muy… felices.
Alicia Pérez Hernández
La risa… de un niño… es una caricia
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