Sigifredo Silva Rodríguez
Poeta adicto al portal
Invocando oraciones a la Virgen
se oye al devoto y cándido pastor,
melancólico arrea a sus ovejas
por cuencas y riachuelos de los campos,
allá en su humilde pero limpio rancho
quedaron solos sus pequeños hijos.
La razón de su vida son sus hijos,
y como fiel, acérrimo, a la Virgen
deja encendidos cirios en el rancho,
de esa manera el crédulo pastor,
aunque apesadumbrado, por los campos
conduce con ternura a sus ovejas.
Parecen comprenderlo las ovejas
del amor ardentísimo a sus hijos
que van con él alegres por los campos;
un gesto de alborozo hay en la Virgen,
riega de bendiciones al pastor
lo mismo que a los vástagos del rancho.
A lo lejos se ve brillante el rancho
y en la campiña pastan las ovejas
con la mirada alerta del pastor;
el buen hombre asegura que sus hijos
están bajo el amparo de la Virgen
que tranquilo camina por los campos.
El aire puro y fresco de los campos
vigorifica y oxigena al rancho
que está santificado por la Virgen.
Son el diario sustento las ovejas,
alimenta con ellas a sus hijos,
ama a sus animales el pastor.
Por la tarde, a la entrada del pastor,
cansado de la brega de los campos,
colma de ardientes besos a sus hijos,
se llena de calor y amor el rancho;
plácidos, duermen junto a las ovejas
cuidados desde el cielo por la Virgen.
Cree mucho en la Virgen el pastor
que le reza en los campos y en el rancho
y adora a sus ovejas y a sus hijos.
se oye al devoto y cándido pastor,
melancólico arrea a sus ovejas
por cuencas y riachuelos de los campos,
allá en su humilde pero limpio rancho
quedaron solos sus pequeños hijos.
La razón de su vida son sus hijos,
y como fiel, acérrimo, a la Virgen
deja encendidos cirios en el rancho,
de esa manera el crédulo pastor,
aunque apesadumbrado, por los campos
conduce con ternura a sus ovejas.
Parecen comprenderlo las ovejas
del amor ardentísimo a sus hijos
que van con él alegres por los campos;
un gesto de alborozo hay en la Virgen,
riega de bendiciones al pastor
lo mismo que a los vástagos del rancho.
A lo lejos se ve brillante el rancho
y en la campiña pastan las ovejas
con la mirada alerta del pastor;
el buen hombre asegura que sus hijos
están bajo el amparo de la Virgen
que tranquilo camina por los campos.
El aire puro y fresco de los campos
vigorifica y oxigena al rancho
que está santificado por la Virgen.
Son el diario sustento las ovejas,
alimenta con ellas a sus hijos,
ama a sus animales el pastor.
Por la tarde, a la entrada del pastor,
cansado de la brega de los campos,
colma de ardientes besos a sus hijos,
se llena de calor y amor el rancho;
plácidos, duermen junto a las ovejas
cuidados desde el cielo por la Virgen.
Cree mucho en la Virgen el pastor
que le reza en los campos y en el rancho
y adora a sus ovejas y a sus hijos.