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El parque maravilloso

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Sí, papá, aquí en esta ciudad tenemos un parque maravilloso. Se puede pasear tranquilamente por sus pasillos repletos de una exuberante vegetación. Abundan las flores de todos los colores. Los niños saltan y ríen ante tanta belleza, y sus padres al verlos tan felices vuelven a su ya olvidada infancia. Hay pájaros de bellos colores y cantos armoniosos. Hay también toda clase de animales: tigres mansos como corderos; morsas adaptadas a vivir alejadas del agua y del frío polar; serpientes que guardan su veneno tan solo para los avariciosos. Tan solo los corazones puros pueden vivir en este parque. Hay quien dice que se han producido algunas desapariciones; también que algunas personas han muerto en extrañas circunstancias. Nada importante comparado con la felicidad que el parque nos ofrece. Cada vez que me acerco con mis hijos, veo innumerables milagros. El otro día, estando sentada en uno de sus bancos, se me acercó un tigre que se acostó a mis pies. Con su lengua lamía mis piernas; sobre su cabeza, se posaron cinco pajarillos que después volaron hasta una higuera con higos de muchos colores. El animal que más gusta a los niños es un elefante rojo; se sientan sobre su trompa y se mecen mientras ríen con una risa ensordecedora.
Perdóname, papá, se me olvidó advertirte sobre uno de los peligros del parque. Te veo ahí, en el ataúd, sin cabeza y no te reconozco. Ya formas parte de la nada. Ya no forman parte de ti la soberbia y la avaricia. Ahora tienes tu merecido. Toda tu crueldad de antaño se ha vuelto contra ti. Todo lo que has vivido te ha convertido en un muerto descabezado. Perdóname papá, se me olvidó decirte que a algunas personas se les aparece un viejo con una guadaña; tiene el poder de ver en el interior de las almas. A quien posee un alma perversa le corta la cabeza. Parece que eso es lo que a ti te sucedió. Al ver tu alma negra como el carbón gritaría de júbilo. Es feliz cortando las cabezas de los que no son buenos. Cada vez que corta una cabeza su barba y su cabello crecen un centímetro. No es extraño encontrárselo con el cuerpo lleno de pájaros. El cabello y la barba le llegan al suelo. Tiene los ojos verdes y de un brillo flamígero. Algunas veces, al correr jugando tras una ardilla azul o un pajarillo, se pisa la barba y cae al suelo, y entonces ríe como un niño.

Eladio Parreño Elías

14-Septiembre-2011


Ay amigo Eladio, tu relato supera la realidad y la fantasía. No lleves a tus hijos a ese parque que roba la libertad y juzga sin tener que juzgar jamás de los jamases a nadie. Cada uno tiene sus razones buenas o malas con libertad plena para manifestarlas y quien no entienda la libertad que no se atreva a juzgar. Por cierto que me encantó tu relato lleno de misterio y de enanto. Tu imaginación traspasa todos los límites y yo me muero por traspasarlos contigo, siempre de los siempres. Besazos, estrellas y reputación merecida a tus letras, me deje o no la máquina.
 
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Sí, papá, aquí en esta ciudad tenemos un parque maravilloso. Se puede pasear tranquilamente por sus pasillos repletos de una exuberante vegetación. Abundan las flores de todos los colores. Los niños saltan y ríen ante tanta belleza, y sus padres al verlos tan felices vuelven a su ya olvidada infancia. Hay pájaros de bellos colores y cantos armoniosos. Hay también toda clase de animales: tigres mansos como corderos; morsas adaptadas a vivir alejadas del agua y del frío polar; serpientes que guardan su veneno tan solo para los avariciosos. Tan solo los corazones puros pueden vivir en este parque. Hay quien dice que se han producido algunas desapariciones; también que algunas personas han muerto en extrañas circunstancias. Nada importante comparado con la felicidad que el parque nos ofrece. Cada vez que me acerco con mis hijos, veo innumerables milagros. El otro día, estando sentada en uno de sus bancos, se me acercó un tigre que se acostó a mis pies. Con su lengua lamía mis piernas; sobre su cabeza, se posaron cinco pajarillos que después volaron hasta una higuera con higos de muchos colores. El animal que más gusta a los niños es un elefante rojo; se sientan sobre su trompa y se mecen mientras ríen con una risa ensordecedora.
Perdóname, papá, se me olvidó advertirte sobre uno de los peligros del parque. Te veo ahí, en el ataúd, sin cabeza y no te reconozco. Ya formas parte de la nada. Ya no forman parte de ti la soberbia y la avaricia. Ahora tienes tu merecido. Toda tu crueldad de antaño se ha vuelto contra ti. Todo lo que has vivido te ha convertido en un muerto descabezado. Perdóname papá, se me olvidó decirte que a algunas personas se les aparece un viejo con una guadaña; tiene el poder de ver en el interior de las almas. A quien posee un alma perversa le corta la cabeza. Parece que eso es lo que a ti te sucedió. Al ver tu alma negra como el carbón gritaría de júbilo. Es feliz cortando las cabezas de los que no son buenos. Cada vez que corta una cabeza su barba y su cabello crecen un centímetro. No es extraño encontrárselo con el cuerpo lleno de pájaros. El cabello y la barba le llegan al suelo. Tiene los ojos verdes y de un brillo flamígero. Algunas veces, al correr jugando tras una ardilla azul o un pajarillo, se pisa la barba y cae al suelo, y entonces ríe como un niño.

Eladio Parreño Elías

14-Septiembre-2011


Hola.
Tu capacidad narrativa
es enorme, creo que sin pensar
tanto, te sale la historia a pulso,
y vas dejando trocitos de suspenso
para mantener al lector inmóvil
en la silla.
Muy pintoresco ese parque.
Un gusto leerte
Saludos y estrellas
¡SONRIE!
 
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Sí, papá, aquí en esta ciudad tenemos un parque maravilloso. Se puede pasear tranquilamente por sus pasillos repletos de una exuberante vegetación. Abundan las flores de todos los colores. Los niños saltan y ríen ante tanta belleza, y sus padres al verlos tan felices vuelven a su ya olvidada infancia. Hay pájaros de bellos colores y cantos armoniosos. Hay también toda clase de animales: tigres mansos como corderos; morsas adaptadas a vivir alejadas del agua y del frío polar; serpientes que guardan su veneno tan solo para los avariciosos. Tan solo los corazones puros pueden vivir en este parque. Hay quien dice que se han producido algunas desapariciones; también que algunas personas han muerto en extrañas circunstancias. Nada importante comparado con la felicidad que el parque nos ofrece. Cada vez que me acerco con mis hijos, veo innumerables milagros. El otro día, estando sentada en uno de sus bancos, se me acercó un tigre que se acostó a mis pies. Con su lengua lamía mis piernas; sobre su cabeza, se posaron cinco pajarillos que después volaron hasta una higuera con higos de muchos colores. El animal que más gusta a los niños es un elefante rojo; se sientan sobre su trompa y se mecen mientras ríen con una risa ensordecedora.
Perdóname, papá, se me olvidó advertirte sobre uno de los peligros del parque. Te veo ahí, en el ataúd, sin cabeza y no te reconozco. Ya formas parte de la nada. Ya no forman parte de ti la soberbia y la avaricia. Ahora tienes tu merecido. Toda tu crueldad de antaño se ha vuelto contra ti. Todo lo que has vivido te ha convertido en un muerto descabezado. Perdóname papá, se me olvidó decirte que a algunas personas se les aparece un viejo con una guadaña; tiene el poder de ver en el interior de las almas. A quien posee un alma perversa le corta la cabeza. Parece que eso es lo que a ti te sucedió. Al ver tu alma negra como el carbón gritaría de júbilo. Es feliz cortando las cabezas de los que no son buenos. Cada vez que corta una cabeza su barba y su cabello crecen un centímetro. No es extraño encontrárselo con el cuerpo lleno de pájaros. El cabello y la barba le llegan al suelo. Tiene los ojos verdes y de un brillo flamígero. Algunas veces, al correr jugando tras una ardilla azul o un pajarillo, se pisa la barba y cae al suelo, y entonces ríe como un niño.

Eladio Parreño Elías

14-Septiembre-2011


Palabras que nos transportan hacia un mundo desconocido, buen detalle de las situaciones que pasan en el parque....
Mis felicitaciones por tan magnífico escrito... Te dejo mis estrellas...
 
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Sí, papá, aquí en esta ciudad tenemos un parque maravilloso. Se puede pasear tranquilamente por sus pasillos repletos de una exuberante vegetación. Abundan las flores de todos los colores. Los niños saltan y ríen ante tanta belleza, y sus padres al verlos tan felices vuelven a su ya olvidada infancia. Hay pájaros de bellos colores y cantos armoniosos. Hay también toda clase de animales: tigres mansos como corderos; morsas adaptadas a vivir alejadas del agua y del frío polar; serpientes que guardan su veneno tan solo para los avariciosos. Tan solo los corazones puros pueden vivir en este parque. Hay quien dice que se han producido algunas desapariciones; también que algunas personas han muerto en extrañas circunstancias. Nada importante comparado con la felicidad que el parque nos ofrece. Cada vez que me acerco con mis hijos, veo innumerables milagros. El otro día, estando sentada en uno de sus bancos, se me acercó un tigre que se acostó a mis pies. Con su lengua lamía mis piernas; sobre su cabeza, se posaron cinco pajarillos que después volaron hasta una higuera con higos de muchos colores. El animal que más gusta a los niños es un elefante rojo; se sientan sobre su trompa y se mecen mientras ríen con una risa ensordecedora.
Perdóname, papá, se me olvidó advertirte sobre uno de los peligros del parque. Te veo ahí, en el ataúd, sin cabeza y no te reconozco. Ya formas parte de la nada. Ya no forman parte de ti la soberbia y la avaricia. Ahora tienes tu merecido. Toda tu crueldad de antaño se ha vuelto contra ti. Todo lo que has vivido te ha convertido en un muerto descabezado. Perdóname papá, se me olvidó decirte que a algunas personas se les aparece un viejo con una guadaña; tiene el poder de ver en el interior de las almas. A quien posee un alma perversa le corta la cabeza. Parece que eso es lo que a ti te sucedió. Al ver tu alma negra como el carbón gritaría de júbilo. Es feliz cortando las cabezas de los que no son buenos. Cada vez que corta una cabeza su barba y su cabello crecen un centímetro. No es extraño encontrárselo con el cuerpo lleno de pájaros. El cabello y la barba le llegan al suelo. Tiene los ojos verdes y de un brillo flamígero. Algunas veces, al correr jugando tras una ardilla azul o un pajarillo, se pisa la barba y cae al suelo, y entonces ríe como un niño.

Eladio Parreño Elías

14-Septiembre-2011


Amigo lindo, me gustaría mandar a ese parque a los políticos, yo ni me cruzaría por ahí por sea caso... jaja
Un abracito y miles de estrellas descabezadas.
 
Oye, pues qué bien me cae ese señor... digo el de la guadaña. No me extraña que se pise la barba.
Tan inquietante tu relato como siempre, y como siempre tan interesante. Te vuela la imaginación.
Besos.
 
Uy que mello mi estimado Dulcinista, tu historia atrapa lleva de la mano y luego sueltas el suspenso... ¡genial!!!
Gracias por invitarme a leerte es un placer.
Un abrazo mi estimado
 
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Sí, papá, aquí en esta ciudad tenemos un parque maravilloso. Se puede pasear tranquilamente por sus pasillos repletos de una exuberante vegetación. Abundan las flores de todos los colores. Los niños saltan y ríen ante tanta belleza, y sus padres al verlos tan felices vuelven a su ya olvidada infancia. Hay pájaros de bellos colores y cantos armoniosos. Hay también toda clase de animales: tigres mansos como corderos; morsas adaptadas a vivir alejadas del agua y del frío polar; serpientes que guardan su veneno tan solo para los avariciosos. Tan solo los corazones puros pueden vivir en este parque. Hay quien dice que se han producido algunas desapariciones; también que algunas personas han muerto en extrañas circunstancias. Nada importante comparado con la felicidad que el parque nos ofrece. Cada vez que me acerco con mis hijos, veo innumerables milagros. El otro día, estando sentada en uno de sus bancos, se me acercó un tigre que se acostó a mis pies. Con su lengua lamía mis piernas; sobre su cabeza, se posaron cinco pajarillos que después volaron hasta una higuera con higos de muchos colores. El animal que más gusta a los niños es un elefante rojo; se sientan sobre su trompa y se mecen mientras ríen con una risa ensordecedora.
Perdóname, papá, se me olvidó advertirte sobre uno de los peligros del parque. Te veo ahí, en el ataúd, sin cabeza y no te reconozco. Ya formas parte de la nada. Ya no forman parte de ti la soberbia y la avaricia. Ahora tienes tu merecido. Toda tu crueldad de antaño se ha vuelto contra ti. Todo lo que has vivido te ha convertido en un muerto descabezado. Perdóname papá, se me olvidó decirte que a algunas personas se les aparece un viejo con una guadaña; tiene el poder de ver en el interior de las almas. A quien posee un alma perversa le corta la cabeza. Parece que eso es lo que a ti te sucedió. Al ver tu alma negra como el carbón gritaría de júbilo. Es feliz cortando las cabezas de los que no son buenos. Cada vez que corta una cabeza su barba y su cabello crecen un centímetro. No es extraño encontrárselo con el cuerpo lleno de pájaros. El cabello y la barba le llegan al suelo. Tiene los ojos verdes y de un brillo flamígero. Algunas veces, al correr jugando tras una ardilla azul o un pajarillo, se pisa la barba y cae al suelo, y entonces ríe como un niño.

Eladio Parreño Elías

14-Septiembre-2011



Dulcinista
Dios, me da unos nervios, esa forma tan natural y hermosa con la que narras la muerte, el pago a la maldad...eres un excelente escritor, te felicito, no sé si tienes publicado pero creo que si publicas seguro serán un éxito tus relatos.
Un abrazo y mi cariño
Ana
 
En realidad existe ese parque que nos narras,como también existen las personas que no deberían ser bienvenidas ya que es su olor que desprende asfixiante por sus malas acciones , son sus actos inaceptables, y un corazón manchado por rencor y odio,unos brazos que no guardan mas que tragedia y burlan a la nobleza y humildad...No es que haya olvidado decirlo, es solo que quizas ese parque es tan perfecto en pureza y sentimientos que para el jamás debió ser conocido. Tu don es del gusto de todos gran poeta de encanto,..Mis estrellas para ud, y digno de admirar sus letras,,,
 
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Sí, papá, aquí en esta ciudad tenemos un parque maravilloso. Se puede pasear tranquilamente por sus pasillos repletos de una exuberante vegetación. Abundan las flores de todos los colores. Los niños saltan y ríen ante tanta belleza, y sus padres al verlos tan felices vuelven a su ya olvidada infancia. Hay pájaros de bellos colores y cantos armoniosos. Hay también toda clase de animales: tigres mansos como corderos; morsas adaptadas a vivir alejadas del agua y del frío polar; serpientes que guardan su veneno tan solo para los avariciosos. Tan solo los corazones puros pueden vivir en este parque. Hay quien dice que se han producido algunas desapariciones; también que algunas personas han muerto en extrañas circunstancias. Nada importante comparado con la felicidad que el parque nos ofrece. Cada vez que me acerco con mis hijos, veo innumerables milagros. El otro día, estando sentada en uno de sus bancos, se me acercó un tigre que se acostó a mis pies. Con su lengua lamía mis piernas; sobre su cabeza, se posaron cinco pajarillos que después volaron hasta una higuera con higos de muchos colores. El animal que más gusta a los niños es un elefante rojo; se sientan sobre su trompa y se mecen mientras ríen con una risa ensordecedora.
Perdóname, papá, se me olvidó advertirte sobre uno de los peligros del parque. Te veo ahí, en el ataúd, sin cabeza y no te reconozco. Ya formas parte de la nada. Ya no forman parte de ti la soberbia y la avaricia. Ahora tienes tu merecido. Toda tu crueldad de antaño se ha vuelto contra ti. Todo lo que has vivido te ha convertido en un muerto descabezado. Perdóname papá, se me olvidó decirte que a algunas personas se les aparece un viejo con una guadaña; tiene el poder de ver en el interior de las almas. A quien posee un alma perversa le corta la cabeza. Parece que eso es lo que a ti te sucedió. Al ver tu alma negra como el carbón gritaría de júbilo. Es feliz cortando las cabezas de los que no son buenos. Cada vez que corta una cabeza su barba y su cabello crecen un centímetro. No es extraño encontrárselo con el cuerpo lleno de pájaros. El cabello y la barba le llegan al suelo. Tiene los ojos verdes y de un brillo flamígero. Algunas veces, al correr jugando tras una ardilla azul o un pajarillo, se pisa la barba y cae al suelo, y entonces ríe como un niño.

Eladio Parreño Elías

14-Septiembre-2011


siempre tan intenso tiene poder en su pluma y lo reflejan sus letras amigo saludos y buen relato le dejo abrazos y estrellas amigo saludos.....
 
Un malvado corta la cabeza a otro no sera que el unico malvado sea el viejo que tiene su alma destrozada es un ser digno de misericordia y su violencia la desfoga contra otros seres,magnifico relato mis saludos
 
Querido amigo enviame la direccion de ese maravilloso parque estoy segura que a mi no me pasara nada, mi alma es noble (eso pienso yo) de lo contrario no me preocupa que me corten la cabeza (siempre me han dicho que soy una descabazada) jajaja, me he perdido muchas cosas buena por leer pero me pondré al dia, ya sabes que soy tu FAN numero uno, eres super sorprendende espero que un dia te decidas y publiques un libros, viajaria a España para tener tu autografo!!!! Tu amiga siempre Rànula, mis estrellas y reputacion si me la permiten.
 
Muy bello y escalofriante texto; por el lado del padre y del hijo, y me gusta esa manera de dar las dos visiones, que chocan. Un saludo de Samuel, y encantado de leerte otra vez; estoy liado y no entro mucho por el foro...
 
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Sí, papá, aquí en esta ciudad tenemos un parque maravilloso. Se puede pasear tranquilamente por sus pasillos repletos de una exuberante vegetación. Abundan las flores de todos los colores. Los niños saltan y ríen ante tanta belleza, y sus padres al verlos tan felices vuelven a su ya olvidada infancia. Hay pájaros de bellos colores y cantos armoniosos. Hay también toda clase de animales: tigres mansos como corderos; morsas adaptadas a vivir alejadas del agua y del frío polar; serpientes que guardan su veneno tan solo para los avariciosos. Tan solo los corazones puros pueden vivir en este parque. Hay quien dice que se han producido algunas desapariciones; también que algunas personas han muerto en extrañas circunstancias. Nada importante comparado con la felicidad que el parque nos ofrece. Cada vez que me acerco con mis hijos, veo innumerables milagros. El otro día, estando sentada en uno de sus bancos, se me acercó un tigre que se acostó a mis pies. Con su lengua lamía mis piernas; sobre su cabeza, se posaron cinco pajarillos que después volaron hasta una higuera con higos de muchos colores. El animal que más gusta a los niños es un elefante rojo; se sientan sobre su trompa y se mecen mientras ríen con una risa ensordecedora.
Perdóname, papá, se me olvidó advertirte sobre uno de los peligros del parque. Te veo ahí, en el ataúd, sin cabeza y no te reconozco. Ya formas parte de la nada. Ya no forman parte de ti la soberbia y la avaricia. Ahora tienes tu merecido. Toda tu crueldad de antaño se ha vuelto contra ti. Todo lo que has vivido te ha convertido en un muerto descabezado. Perdóname papá, se me olvidó decirte que a algunas personas se les aparece un viejo con una guadaña; tiene el poder de ver en el interior de las almas. A quien posee un alma perversa le corta la cabeza. Parece que eso es lo que a ti te sucedió. Al ver tu alma negra como el carbón gritaría de júbilo. Es feliz cortando las cabezas de los que no son buenos. Cada vez que corta una cabeza su barba y su cabello crecen un centímetro. No es extraño encontrárselo con el cuerpo lleno de pájaros. El cabello y la barba le llegan al suelo. Tiene los ojos verdes y de un brillo flamígero. Algunas veces, al correr jugando tras una ardilla azul o un pajarillo, se pisa la barba y cae al suelo, y entonces ríe como un niño.

Eladio Parreño Elías

14-Septiembre-2011



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Querido Eladio.

Una vez más
nos enfrentas a la lucha diaria del hombre
y de su consciencia; la lucha del bien contra el mal.

Se nos ha dado un paraíso para vivir
y disfrutar en armonía con la naturaleza
y con todos los elementos que la componen,
pero siempre existirá el mal en los hombres
y aquel deseo obsceno de la ambición, de la falta de criterio,
de la maldad y la completa ausencia de humildad y escrúpulos.

Siempre humillando y pisoteando al desposeído,
haciendo valer su omnipresencia de hombre acomodado
y refinado sobrepasando a otros seres
que son igual que él; poseedores de talentos, de cualidades,
de dones concedidos por Dios
para que cada uno brille con luz propia,
pero el hombre insiste en apoderarse de lo que no le pertenece
y engaña, traiciona, castiga y maltrata a los seres
que forman su entorno cercano; familiar, social e intimo.

Al final de todo ciclo,
siempre el bien superará al mal
y la conciencia del hombre será cercenada
para que regrese a los tiempos de oscuridad
y así aprenderá a ver la luz en las tinieblas.

Un corazón puro, un alma iluminada
puede ver la luz hasta en las sombras
más profundas y profanas.

¡Felicitaciones!
Excelente escrito.
“La mente humana no tiene límites,
es el ser humano el que se limita”.

Un beso y un cálido abrazo desde mi verde valle.
Eryca.

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Como en ti es habitual, consigues atraer la atención del lector desde la primera a la última palabra. Y como también es norma en tus publicaciones, siempre hay un final que sorprende, siendo a la vez mezcla de temor y de misterio. Una nueva obra que aplaudo con toda mi fuerza.

Un abrazo.

José Luis
 
Dulcinista...
Puedo imaginarme ese parque de maravillas y rencores bajo tierra que conviven de manera simultánea, como la vida y la muerte mismas.

Existe un parque lleno de niños en mi desierto, en el mismo lugar en el que antes existía un campo Santo, al construirlo, los restos de cadáveres mimetizados a raíces y a sus ataúdes fueron arrancados de su pacífica morada para dar espacio a la risa y travesuras de los inquietos infantes... Sólo se yergue con soberbia y presunción el mausoleo de cantera labrada que fuera la última morada del legendario Pancho Villa, ahora como un cascarón vacío.

Pero es otro, el cementerio del bosque de mis recuerdos, del que algún día te contaré.

Saludos desde mi árido planeta y gracias por tu relato.

 
Encantador relato, a pesar del turbio desenlace, no se puede negar que ese viejo con la guadaña va limpiando el mundo, un poco radical, sí, pero la sonrisa de un alma noble merece tener un espacio para volar!!
Un abrazo y gracias por el paseo,
Chiqui.-
 
Querido dulcinista me encantan los escritos de este genero con cambios repentinos y temas tenebrosos, y tu manera de contarlo me parece fenomenal!
ojala alguna vez este paraíso tuyo se haga realidad aquí en la tierra y que las injusticias sean pagadas con la misma moneda...
un gustazo leerte:::sonreir1:::
 
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