Siento cómo la tristeza
se desliza lenta por mi alma dulce,
cómo la muerte la abraza
con manos frías y calladas,
cómo mi corazón,
gota a gota, se desangra sin remedio.
Este cuerpo —costal de huesos y piel—
cruje, cansado,
como si lloviera por dentro
y las paredes del alma
fueran lienzos grises,
cubiertos de flores marchitas
y cantos de aves que ya no vuelan.
Las melodías son lamentos,
el dolor me habita como huésped eterno.
Alguien observa desde adentro,
un viejo reflejo de lo que fui:
la piel arrugada,
la tos seca que no cesa,
el cabello cubierto de nieve,
los huesos marcando su despedida.
Las ojeras son lunas menguantes
que anuncian el final,
y tal vez —solo tal vez—
ese alguien se apague
antes de ver
cómo todo se derrumba
por completo.
-Dior
se desliza lenta por mi alma dulce,
cómo la muerte la abraza
con manos frías y calladas,
cómo mi corazón,
gota a gota, se desangra sin remedio.
Este cuerpo —costal de huesos y piel—
cruje, cansado,
como si lloviera por dentro
y las paredes del alma
fueran lienzos grises,
cubiertos de flores marchitas
y cantos de aves que ya no vuelan.
Las melodías son lamentos,
el dolor me habita como huésped eterno.
Alguien observa desde adentro,
un viejo reflejo de lo que fui:
la piel arrugada,
la tos seca que no cesa,
el cabello cubierto de nieve,
los huesos marcando su despedida.
Las ojeras son lunas menguantes
que anuncian el final,
y tal vez —solo tal vez—
ese alguien se apague
antes de ver
cómo todo se derrumba
por completo.
-Dior