prisionero inocente
Poeta que considera el portal su segunda casa
Recuerdo los tanques que aplastaron la dignidad de las olas
y el deseo de multiplicarnos como ruinas
cuando los comunistas decidieron la medida de las faldas
o cuantos gusanos eclosionaron de la tumba sostenida en las piernas de nuestras madres.
Tuvimos que inventar un cielo de ladrillos
para sus medusas; inaugurar la bicicleta como forma de abrazar los columpios.
Y morir entre las filas de unos abuelos que esperaban frente a la puerta
adictos al sistema virgen, a la cura irracional del cáncer.
Desconocernos mientras la fauna eclesiástica nos expulsaba de su éter divino
hacia el lugar donde los látigos. Dolernos por ser paupérrimos
entre truenos de sal, escupidos por los dioses de la cobardía.
La identidad prometida fue un fiasco, nos convertimos en camaradas inútiles,
portadores de hoz y martillo, sanguíneos tambores golpeados a diario.
Fuimos especie de almas no conquistadas, pero almacenadas en una raza de suicidas.
y el deseo de multiplicarnos como ruinas
cuando los comunistas decidieron la medida de las faldas
o cuantos gusanos eclosionaron de la tumba sostenida en las piernas de nuestras madres.
Tuvimos que inventar un cielo de ladrillos
para sus medusas; inaugurar la bicicleta como forma de abrazar los columpios.
Y morir entre las filas de unos abuelos que esperaban frente a la puerta
adictos al sistema virgen, a la cura irracional del cáncer.
Desconocernos mientras la fauna eclesiástica nos expulsaba de su éter divino
hacia el lugar donde los látigos. Dolernos por ser paupérrimos
entre truenos de sal, escupidos por los dioses de la cobardía.
La identidad prometida fue un fiasco, nos convertimos en camaradas inútiles,
portadores de hoz y martillo, sanguíneos tambores golpeados a diario.
Fuimos especie de almas no conquistadas, pero almacenadas en una raza de suicidas.
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