poetakabik
Poeta veterano en el portal
Nací antes del nombre,
antes de la memoria y del lenguaje.
No había palabras para lo que sentía,
solo una vibración suave,
como si el universo respirara dentro de mí.
Los ojos miraban,
pero aún no sabían qué era mirar.
Las manos tocaban,
pero no sabían a qué llamaban tacto.
Todo era presencia pura, sin forma,
una claridad sin rostro,
una intuición sin pensamiento.
Y sin embargo,
en algún instante sin fecha,
algo en mí dijo:
“Estoy.”
No era el cuerpo,
ni la voz,
ni siquiera el pensamiento.
Era una certeza desnuda,
como la primera chispa en la oscuridad:
breve, pero definitiva.
Desde entonces, todo cambió.
Ya no era lo que ocurría a mi alrededor,
sino lo que sentía al mirarlo.
El árbol ya no era solo sombra y raíz,
era también espejo.
El viento no era solo movimiento,
era también mensaje.
Y yo... yo era el que empezaba a escuchar.
La conciencia no nace con un grito,
sino con un temblor.
Una grieta mínima en el silencio
por donde la eternidad se asoma
y decide habitarte.
Así comenzó el viaje.
No cuando abrí los ojos al mundo,
sino cuando me atreví a mirar hacia adentro
y sentí que había algo más,
mucho más,
esperando por ser recordado.
antes de la memoria y del lenguaje.
No había palabras para lo que sentía,
solo una vibración suave,
como si el universo respirara dentro de mí.
Los ojos miraban,
pero aún no sabían qué era mirar.
Las manos tocaban,
pero no sabían a qué llamaban tacto.
Todo era presencia pura, sin forma,
una claridad sin rostro,
una intuición sin pensamiento.
Y sin embargo,
en algún instante sin fecha,
algo en mí dijo:
“Estoy.”
No era el cuerpo,
ni la voz,
ni siquiera el pensamiento.
Era una certeza desnuda,
como la primera chispa en la oscuridad:
breve, pero definitiva.
Desde entonces, todo cambió.
Ya no era lo que ocurría a mi alrededor,
sino lo que sentía al mirarlo.
El árbol ya no era solo sombra y raíz,
era también espejo.
El viento no era solo movimiento,
era también mensaje.
Y yo... yo era el que empezaba a escuchar.
La conciencia no nace con un grito,
sino con un temblor.
Una grieta mínima en el silencio
por donde la eternidad se asoma
y decide habitarte.
Así comenzó el viaje.
No cuando abrí los ojos al mundo,
sino cuando me atreví a mirar hacia adentro
y sentí que había algo más,
mucho más,
esperando por ser recordado.
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