La tecnología te abrió los ojos
a la razón,
a la cibernética
y al futuro.
Ahora trepas por un árbol virtual buscando el cielo,
desearías haber nacido dron.
Ya no eres tú.
En la calle tu rostro se asemeja a un sol amarillo,
dulce y sonriente como un emoticón.
Ya no eres tú.
Podrías programar cualquier cosa con un dispositivo a distancia,
las funciones que rigen tu casa, sin ir más lejos.
Ya no eres tú.
La centralita de tu coche es un mundo del que dependes,
pero a veces no distingue qué voz le habla.
Ya no eres tú.
Te bombardean con wasaps en el trabajo.
Ya no eres tú.
Pero si no eres tú
quién es el que escribe en tu móvil este poema.
a la razón,
a la cibernética
y al futuro.
Ahora trepas por un árbol virtual buscando el cielo,
desearías haber nacido dron.
Ya no eres tú.
En la calle tu rostro se asemeja a un sol amarillo,
dulce y sonriente como un emoticón.
Ya no eres tú.
Podrías programar cualquier cosa con un dispositivo a distancia,
las funciones que rigen tu casa, sin ir más lejos.
Ya no eres tú.
La centralita de tu coche es un mundo del que dependes,
pero a veces no distingue qué voz le habla.
Ya no eres tú.
Te bombardean con wasaps en el trabajo.
Ya no eres tú.
Pero si no eres tú
quién es el que escribe en tu móvil este poema.
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