ALYA
Poeta fiel al portal
Ya sé que la vastedad del tiempo no alcanza
para disponer las cosas en el espacio que precisan.
Por eso amo la naturaleza,
lo que es, ha sido y será sin explicaciones.
El volcán no elige erupcionar,
no elige arrasar con todo
a su paso, pero erupciona.
La tormenta no planifica desatarse
y sin permiso cae rauda, veloz, fiera,
sobre la inmensidad del suelo desprovisto
de resguardo.
Las olas no piden permiso
para golpear la arena frágil
que ante ellas sucumbe.
El rayo en libertad destroza, aniquila,
parte en dos los troncos de los árboles más fuerte.
Nada más parecido a la existencia
a la efímera marcha de nuestros pies
sobre este suelo.
El momento es ahora,
el de mentirnos, el de olvidarnos,
o el de dejar que la tormenta
se cuele por las rendijas abiertas de los poros,
se meta por los hoyuelos microscópicos del tacto,
profane las murallas cosidas del alma,
posea la codiciada fruta del bien y el mal ,
derrote los silencios guardados ,
aloje sus ojos sobre lo prohibido.
Después de la tormenta, todo volverá a su lugar,
la vida que quede,
la que no arrase la hecatombe,
la que logre agazaparse.
Y esa vida, la celebraremos,
con vino derramado del volcán.
para disponer las cosas en el espacio que precisan.
Por eso amo la naturaleza,
lo que es, ha sido y será sin explicaciones.
El volcán no elige erupcionar,
no elige arrasar con todo
a su paso, pero erupciona.
La tormenta no planifica desatarse
y sin permiso cae rauda, veloz, fiera,
sobre la inmensidad del suelo desprovisto
de resguardo.
Las olas no piden permiso
para golpear la arena frágil
que ante ellas sucumbe.
El rayo en libertad destroza, aniquila,
parte en dos los troncos de los árboles más fuerte.
Nada más parecido a la existencia
a la efímera marcha de nuestros pies
sobre este suelo.
El momento es ahora,
el de mentirnos, el de olvidarnos,
o el de dejar que la tormenta
se cuele por las rendijas abiertas de los poros,
se meta por los hoyuelos microscópicos del tacto,
profane las murallas cosidas del alma,
posea la codiciada fruta del bien y el mal ,
derrote los silencios guardados ,
aloje sus ojos sobre lo prohibido.
Después de la tormenta, todo volverá a su lugar,
la vida que quede,
la que no arrase la hecatombe,
la que logre agazaparse.
Y esa vida, la celebraremos,
con vino derramado del volcán.