Luis Fernando Tejada
Poeta reconocido
El croar de las ranas roncas se escucha,
perturbación de la tranquilidad,
las lágrimas en las mejillas
cuando el frío viento azota los cuerpos.
Los rostros despojados de toda belleza,
el silencio y el misterio, el indescriptible dolor,
impotente para discernir el sufrimiento.
Inmóvil, muerto, acostado en un páramo desolado;
ni un árbol o una flor, todo sin vida,
la extensión del desierto sin un alma.
El horizonte en su esplendor desnudo
busca brillar en la playa distante:
en el fondo de todo y la sombra, la eternidad,
entre el agua y la sombra se sitúa el más allá.