danie
solo un pensamiento...
Un insondable lacado de barniz transita por tu efigie,
marcas sutiles y rasgos de asperezas en esas huellas de cera,
un glamour de centella refleja tu esbelta lobreguez
aplacada en esa beldad cerúlea.
¡Pero no siempre fuiste tan atractiva!
¡No siempre fuiste ante los ojos afuereños, perfecta!
Inhalas y exhalas, esa tenue oscilación vital para tu pulmón;
el cuerpo no se ultraja,
pero la liturgia se torna desesperante
entre lapsos letargosos de esperas;
ajustas la visión siempre en un mismo foco,
sin concavidad, sin tangencia,
sin poder observar la orilla que te condensa.
Ayer tu andar pletórico rebosaba de vitalidad y ajetreo,
por una vida gestante de libertad colmada en gozo
pero miserable porque los años te corrompían
y desesperaban tu caprichosa existencia.
¡Hoy es el día en que alcanzaste tus anhelos,
hoy llegaste a la cúspide de la loada plenitud del cielo,
la belleza duradera sobre tu cuerpo!
¡Pero cuidado con lo que deseas porque se cumple!
Desgajando tu raíz, sumergiéndote en un caudal de cera revuelta.
¡Hoy despertaste trocada en esa esfinge tiesa,
clavada e inmóvil sobre el suelo,
como la cera que te lacró perpetua!
Pasan las horas y tú, inmóvil en tu sepulcro,
no se pudren ni se marchitan los rasgos de tu garbosa piel,
solo se corroen en el formol insoluble que esbelta tu cuerpo,
ese fino casimir que te arropa en condena.
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