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El lecho del ángel caído

Isidora_Luna

Poeta recién llegado
Duermo en altares
deshechos por el polvo,
donde los santos olvidaron su nombre
y las sábanas rezan
con perfume a cuerpos vencidos,
mientras las lámparas tiemblan.

Llueven cabellos rancios
desde un techo que no es cielo,
sino un santo infierno que arrastro
en hebras de plumas arrancadas
de mis alas —ya reliquia.

He amado sin gloria,
con el sudor dulce
de quienes aún suplican redención
en bocas que no saben bendecir.

Mis manos,
que alguna vez fueron luz,
acarician ruinas:
la forma sagrada
de tu cuerpo rendido,
antes del olvido.

Y cada noche,
cuando tu silencio se arrodilla,
yo me desnudo.
No por deseo,
sino por liturgia.

Porque sé que el demonio,
desde el fondo del abismo,
aún quiere recordarme
con un poco de ternura.
 
Duermo en altares
deshechos por el polvo,
donde los santos olvidaron su nombre
y las sábanas rezan
con perfume a cuerpos vencidos,
mientras las lámparas tiemblan.

Llueven cabellos rancios
desde un techo que no es cielo,
sino un santo infierno que arrastro
en hebras de plumas arrancadas
de mis alas —ya reliquia.

He amado sin gloria,
con el sudor dulce
de quienes aún suplican redención
en bocas que no saben bendecir.

Mis manos,
que alguna vez fueron luz,
acarician ruinas:
la forma sagrada
de tu cuerpo rendido,
antes del olvido.

Y cada noche,
cuando tu silencio se arrodilla,
yo me desnudo.
No por deseo,
sino por liturgia.

Porque sé que el demonio,
desde el fondo del abismo,
aún quiere recordarme
con un poco de ternura.
Me gusta esa idea de un demonio que busca recordarle la ternura en medio de tanta desesperación.

Saludos
 
Duermo en altares
deshechos por el polvo,
donde los santos olvidaron su nombre
y las sábanas rezan
con perfume a cuerpos vencidos,
mientras las lámparas tiemblan.

Llueven cabellos rancios
desde un techo que no es cielo,
sino un santo infierno que arrastro
en hebras de plumas arrancadas
de mis alas —ya reliquia.

He amado sin gloria,
con el sudor dulce
de quienes aún suplican redención
en bocas que no saben bendecir.

Mis manos,
que alguna vez fueron luz,
acarician ruinas:
la forma sagrada
de tu cuerpo rendido,
antes del olvido.

Y cada noche,
cuando tu silencio se arrodilla,
yo me desnudo.
No por deseo,
sino por liturgia.

Porque sé que el demonio,
desde el fondo del abismo,
aún quiere recordarme
con un poco de ternura.

Letras inteligentes y originales.

De vez en cuando acariciamos ruinas, sí. Sea por costumbre o porque... lo que sea.

Salud, poeta.
 
Duermo en altares
deshechos por el polvo,
donde los santos olvidaron su nombre
y las sábanas rezan
con perfume a cuerpos vencidos,
mientras las lámparas tiemblan.

Llueven cabellos rancios
desde un techo que no es cielo,
sino un santo infierno que arrastro
en hebras de plumas arrancadas
de mis alas —ya reliquia.

He amado sin gloria,
con el sudor dulce
de quienes aún suplican redención
en bocas que no saben bendecir.

Mis manos,
que alguna vez fueron luz,
acarician ruinas:
la forma sagrada
de tu cuerpo rendido,
antes del olvido.

Y cada noche,
cuando tu silencio se arrodilla,
yo me desnudo.
No por deseo,
sino por liturgia.

Porque sé que el demonio,
desde el fondo del abismo,
aún quiere recordarme
con un poco de ternura.
Hermoso poema poeta. Un placer leerte. Un abrazo con la pluma del alma
 
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